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MUJERES: MÁS ALLÁ DEL ESPEJO Y SUS RAÍCES

  • Foto del escritor: Mileydiz Sánchez
    Mileydiz Sánchez
  • hace 1 hora
  • 11 min de lectura


Hay mujeres que han aprendido a caminar bajo la mirada de otros.


Una mirada que observa primero la ropa, el cuerpo, el maquillaje o la marca, antes de detenerse a descubrir quién está detrás de esa apariencia, observan si su cuerpo está operado o con cirugías, o si la gravedad ya empezó a hacer estragos.


Mileydiz Sánchez. Sencilla única y original. “Cada mujer merece sentirse bien consigo misma, sin importar como la ven las demás, su valor no está en el juicio ajeno. “


Vivimos en una sociedad que todavía confunde, con demasiada facilidad, el valor con la estética. Se juzga a una mujer por cómo viste, por cuánto cuesta su ropa, por su cuerpo o por la imagen que proyecta. Y, en muchas ocasiones, también son los hombres quienes, desde prejuicios aprendidos, reducen a una mujer a aquello que pueden ver.


 Kleymar Villarreal, hija emprendedora, ama de casa. Jefa de hogar.


Pero una mujer no cabe en una talla.

No cabe en una marca.

No cabe en un vestido.

Y mucho menos en la mirada de quien pretende medir su valor por su apariencia.0

Una mujer puede vestir con sencillez y poseer una inteligencia extraordinaria. Puede comprar su ropa en una tienda económica y dirigir una empresa. Puede llevar zapatos sencillos, no usar joyas y haber construido con esfuerzo una vida que merece respeto.

Puede maquillarse o no hacerlo. Puede llevar tacones, zapatos deportivos, falda, pantalón o vestido, nada de eso determina su capacidad. La ropa cubre el cuerpo, pero nunca puede medir el contenido de una persona.


Claudia Villarreal

Hija. Emprendedora, madre, estudiante de enfermería, jefa de hogar.

 

Somos mucho más que aquello que el espejo devuelve: somos nuestras decisiones, nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, nuestros sueños y también las veces que tuvimos que levantarnos después de caer.


Y ahí comienza una de las formas más profundas del liderazgo femenino: aprender a reconocernos cuando otros intentan reducirnos a una apariencia.


El liderazgo no siempre ocurre en una empresa, una institución o un escenario.


Mileydiz Sánchez.

1er año en Bogotá realizando entrevistas para el canal en Contacto TV, etapa saliente del Covid.


A veces comienza cuando una mujer decide no rendirse.


Cuando estudia mientras trabaja. Cuando emprende. Cuando sostiene a sus hijos, y en muchas ocasiones sin ayuda del padre, quien debería ser la figura presente en su historia. Cuando aprende a poner límites. Cuando abandona aquello que la hacía sentir menos. Cuando cruza una frontera y tiene que reconstruir su vida desde cero.

Para muchas mujeres venezolanas, migrar significó precisamente eso: dejar atrás su tierra, su profesión, su familia, sus amigos y parte de la vida que conocían para intentar comenzar nuevamente.


Y comenzar desde abajo no significa haber perdido lo construido, significa tener el valor de reconstruirlo.


Una profesional no deja de serlo porque durante un tiempo tenga que realizar otro oficio. Una emprendedora no pierde sus sueños porque tenga que trabajar para alguien más. Una mujer no pierde su dignidad porque su ropa sea sencilla o porque su historia no se parezca a la de quienes la juzgan.


Lo que somos no desaparece al cruzar una frontera. Nuestra experiencia viaja con nosotros. También nuestras raíces.

 

 RAÍCES QUE SIGUEN CAMINANDO


Junto a mi pueblo indígena Quinaroes, preparados para danzar por las calles de nuestro pueblo. .
Junto a mi pueblo indígena Quinaroes, preparados para danzar por las calles de nuestro pueblo. .

Hablar de Latinoamérica sin reconocer a sus pueblos indígenas sería dejar fuera una parte esencial de nuestra historia.


Mucho antes de las fronteras que hoy conocemos ya existían pueblos, lenguas, culturas, territorios y formas propias de organización. Dentro de esas comunidades, las mujeres han sido guardianas de la memoria, las tradiciones, los conocimientos y los saberes transmitidos de generación en generación.


La mujer indígena no es solamente alguien que necesita protección. Es conocimiento, identidad, liderazgo, cultura, comunidad y futuro.


Puede ser madre, educadora, profesional, emprendedora, dirigente comunitaria o transmisora de saberes. Y cuando migra, su historia también migra con ella.

Puede llegar a una ciudad donde otros desconocen sus costumbres y enfrentar prejuicios por su apariencia, su acento, su origen o su identidad. No por eso esconde sus raíces para ser aceptada


No existe contradicción entre avanzar y recordar.

Entre modernidad e identidad.

Entre profesión y tradición.

Se puede caminar hacia el futuro llevando el pasado con dignidad.


Los Quinaroes: una raíz que sigue caminando

Entre las historias que merecen ser contadas están las de quienes llevan consigo la memoria de los Quinaroes, comunidad indígena qué como los  Guazabaraz, Cases, Quinanoque, Horcaz y Mucumbu, pertenecen a la Parroquia de Lagunillas, municipio Sucre del estado Mérida, Venezuela.


Su memoria permanece en sus autoridades, ancianos, sabios, familias y colectivos comunitarios, representados en este caso por el Consejo De ancianas:

María Lucidia Gutiérrez Picón, Lcda. en Educación, mención Cultura. (ULA) Universidad de los Andes Mérida Venezuela, Anciana y consejera del pueblo.


Yelitza Liliset Rangel Gutiérrez, Lcda. en Biología egresada de la (ULA) Universidad de los Andes-Mérida Venezuela, es también representante ante la Uri, (Organización Internacional cuyo propósito es promover una cooperación interreligiosa duradera, poner fin a la violencia por motivos religiosos  y crear culturas de paz, justicia y sanación para la tierra y para todos los seres vivos)


 Valylorette del Valle Rangel Gutiérrez,  Lcda en Bioanalisis (ULA) Universidad de los Andes – Mérida,  Venezuela, es anciana y sabía del pueblo.



De Izquierda a Derecha, Yelitza, María Lucidia y Valylorette.  Ancianas del pueblo Quinaroes.

Son ellas quienes trabajan en conjunto con su equipo, como el Mohan, el Cacique y la comunidad para recuperar sus tradiciones y su lengua.


Sus rituales reconocen a Tata Jama, la Madre Laguna; a Shia, la Luna; a Shue, el Sol; y a Ches, Dios. Hoy, a través del nicho etnolingüístico Tata Jama, adultos y niños participan en la recuperación de palabras y saberes de su lengua ancestral.


Esa memoria también vive en quienes han estudiado, se han convertido en profesionales, han emprendido y han abierto caminos lejos de su territorio. Cuando una mujer Quinaroe alcanza una meta, obtiene un título o logra salir adelante lejos de su tierra, no crece únicamente para sí misma. Está demostrando que una raíz puede crecer incluso lejos del lugar donde fue sembrada.  Está diciendo: “Aquí estamos. Existimos. Tenemos historia. Tenemos capacidades. Tenemos futuro.”


También están ellos

Hablar del liderazgo femenino no significa olvidar a los hombres.

Ellos también migraron, dejaron familias, perdieron empleos, comenzaron desde cero y enfrentaron miedos que muchas veces no supieron expresar.


La migración no debería convertirse en una competencia de sufrimientos. Debería recordarnos nuestra humanidad compartida.


Detrás de cada rostro existe una historia, una familia, unos afectos y una dignidad que ninguna circunstancia debería borrar.


Quizá no siempre podamos solucionar la vida de alguien, pero sí podemos escuchar, orientar, acompañar y tender una mano cuando sea posible.


Porque nadie debería sentirse completamente invisible.


Una vida hecha de muchas experiencias


Llegando a Bogotá

He aprendido que una persona no tiene por qué encasillarse en una sola definición.

A lo largo de mi vida he desempeñado diferentes labores, desde trabajos manuales y de servicio hasta responsabilidades profesionales y de liderazgo. Cada experiencia me enseñó el valor del esfuerzo, la disciplina y el respeto por todas las formas dignas de trabajo.

Comprendí que una vida multifacética no significa carecer de rumbo.


Significa aprender, adaptarse, evolucionar y aportar desde diferentes escenarios.

Hoy abrazo incluso aquellas etapas que alguna vez otros consideraron insignificantes, porque todas dejaron una enseñanza y formaron parte del camino que me trajo hasta aquí.


Un llamado a la sociedad

No necesitamos enfrentar a hombres y mujeres para hablar de igualdad.

Necesitamos aprender a reconocer la dignidad, la autonomía y el valor de cada persona.

A nuestros niños debemos enseñarles que respetar significa reconocer al otro como un ser autónomo, con derecho a decidir sobre su vida, su cuerpo y su futuro.


A nuestras niñas debemos enseñarles que su valor no depende de su apariencia, de una marca, de la aprobación ajena ni de las expectativas impuestas por otros, aprender a aceptar os tal como somos y amar lo que Dios nos dio.


Ninguna forma de vestir justifica el irrespeto, la dignidad no se negocia, la autonomía no necesita permiso.


Una sociedad verdaderamente igualitaria no necesita que unos pierdan para que otros ganen. Necesita que todos puedan crecer.


Cuando dejamos de juzgar por la apariencia, comenzamos a conocer a la persona que existe detrás de ella.


Todavía se puede

A quienes alguna vez tuvieron que comenzar nuevamente, migrar, dejar todo, los que pasaron por circunstancias difíciles, Cambiar de país, de ciudad, de trabajo o de rumbo.

Todavía hay camino, hay sueños, Todavía se puede.


Porque liderar no significa vivir sin miedo, Significa no permitir que el miedo decida por nosotros. Significa reconocer nuestro valor, respetar nuestras raíces, recuperar nuestra voz y avanzar sin pedir permiso para ser quienes somos.


Podemos cambiar de lugar sin perder nuestras raíces, comenzar de nuevo sin borrar nuestra historia y avanzar hacia el futuro sin renunciar a nuestra identidad.

 

Faceta de instructora en la Fundación Impulso de vida.


LIDERAZGO DE LA MUJER COLOMBIANA


Cuatro referentes, cuatro caminos, una misma capacidad de transformar

Hablar del liderazgo de la mujer colombiana es hablar de una transformación que atraviesa generaciones, territorios y profesiones. Su presencia ya no puede observarse únicamente desde los espacios tradicionalmente asociados con el cuidado o la familia. Hoy encontramos colombianas construyendo conocimiento científico, transformando la cultura, participando en la historia del país, creando empresas, desarrollando proyectos sociales y llevando el nombre de Colombia mucho más allá de sus fronteras.


El liderazgo tampoco puede medirse únicamente por un cargo, un título o una posición de poder. En muchos casos comienza con algo más profundo: la capacidad de convertir una dificultad en aprendizaje, una oportunidad en propósito y una experiencia personal en una posibilidad para otros.


Colombia cuenta con numerosos ejemplos que permiten comprender esa diversidad. Entre ellos destacan cuatro trayectorias que pertenecen a épocas y campos diferentes, pero que comparten una característica esencial: ninguna esperó a que el mundo definiera hasta dónde podía llegar.


Ángela Restrepo Moreno: la ciencia como legado


 Hablar de ciencia colombiana en el ámbito internacional exige reconocer a la doctora Ángela Restrepo Moreno.


Nacida en Medellín en 1931, dedicó más de cinco décadas a la microbiología y a la investigación de enfermedades producidas por hongos. Su trabajo sobre la paracoccidioidomicosis la convirtió en una autoridad internacional en el campo de la micología médica. Fundó el Laboratorio de Micología Médica de la Universidad de Antioquia, fue cofundadora de la Corporación para Investigaciones Biológicas y ejerció durante décadas como directora científica de esta institución.


Su producción científica superó las 400 publicaciones nacionales e internacionales y su trayectoria recibió numerosos reconocimientos dentro y fuera de Colombia. Una de las especies del género Paracoccidioides fue denominada Paracoccidioides restrepiensis en reconocimiento a sus aportes científicos.


También formó generaciones de investigadores y fue la única mujer integrante de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, conocida como la Misión de Sabios, entre 1993 y 1994.

Su historia demuestra que el liderazgo no siempre ocurre frente a un público. A veces sucede en un laboratorio, frente a un microscopio, en un aula universitaria o en la formación silenciosa de quienes continuarán una obra científica.


Su legado: demostrar que el conocimiento también puede convertirse en una forma de liderazgo internacional.


Policarpa Salavarrieta: el valor de participar en la historia


 En el ámbito histórico, pocas figuras tienen la fuerza simbólica de Policarpa Salavarrieta.


La llamada “La Pola” se convirtió en uno de los grandes referentes de la Independencia de Colombia. Su participación en las redes patriotas, su labor como informante y colaboradora de la causa independentista y su posterior captura y fusilamiento en 1817 hicieron de su nombre un símbolo de resistencia. El Museo Nacional de Colombia conserva una importante memoria documental e iconográfica relacionada con su figura.


Su historia también permite revisar la manera en que se ha contado la historia nacional. Durante mucho tiempo, los grandes relatos fueron construidos principalmente alrededor de figuras masculinas. Sin embargo, mujeres como Policarpa participaron activamente en procesos políticos, sociales y militares que marcaron el nacimiento de la República.


Representa la capacidad de asumir riesgos, defender convicciones y participar en la construcción de un país incluso en circunstancias adversas.


Su legado: recordar que la historia de Colombia también fue construida por mujeres que decidieron actuar.

 

Shakira: cultura, reconocimiento y compromiso social


 En el ámbito cultural, Shakira representa una de las proyecciones internacionales más importantes de Colombia.


Su carrera artística la llevó desde Barranquilla hasta los escenarios más importantes del mundo, convirtiéndola en una de las artistas latinoamericanas de mayor reconocimiento internacional.


Pero su trayectoria también adquirió una dimensión social. En 2003 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF y, a través de la Fundación Pies Descalzos, ha impulsado proyectos relacionados con la educación y las oportunidades para niños y niñas en Colombia.


Su historia permite entender otra dimensión del liderazgo: aquella que utiliza el reconocimiento personal para generar impacto colectivo.


La cultura también transforma.

La música también comunica.

Y la influencia pública puede convertirse en una herramienta para abrir oportunidades a quienes todavía no las tienen.

Su legado: demostrar que el éxito adquiere un significado mayor cuando puede convertirse en oportunidad para otros.

Margarita Pasos: liderazgo que cruza fronteras


En el ámbito empresarial y del desarrollo del liderazgo, Margarita Pasos representa una trayectoria contemporánea de proyección internacional.


Nacida en Medellín, desarrolló parte importante de su carrera fuera de Colombia y se convirtió en conferencista, empresaria, entrenadora corporativa y mentora en temas de liderazgo, ventas, desarrollo personal y crecimiento empresarial. Medios colombianos la han presentado como una referente del liderazgo empresarial y como una de las conferencistas de habla hispana con mayor influencia.


Su propia historia también contiene un elemento particularmente poderoso: comenzó trabajando en Estados Unidos en actividades muy diferentes de la posición profesional que posteriormente alcanzaría. Ella misma ha contado que llegó a Miami a los 23 años y que, junto con su esposo, comenzó lavando vehículos mientras buscaba construir una nueva vida.

Su trayectoria representa una idea especialmente cercana a las nuevas generaciones: el punto de partida no determina necesariamente el punto de llegada.


El liderazgo también puede construirse desde la adversidad, la migración, el aprendizaje y la capacidad de reinventarse.


Su legado: demostrar que comenzar desde abajo no impide llegar lejos.

Cuatro caminos, una misma transformación

Ángela Restrepo convirtió la investigación científica en legado.

Policarpa Salavarrieta convirtió sus convicciones en participación histórica.

Shakira convirtió el reconocimiento artístico en influencia social.

Margarita Pasos convirtió la experiencia y el aprendizaje en una plataforma de liderazgo internacional.

Cuatro historias.

Cuatro épocas.

Cuatro escenarios.

Una misma enseñanza:

el liderazgo no tiene una sola forma.

Puede surgir en un laboratorio, en una batalla por la independencia, en un escenario internacional o en una empresa.

Puede expresarse a través del conocimiento, la cultura, la defensa de unas convicciones, la creación de oportunidades o la capacidad de transformar una experiencia personal en inspiración para otros.

Colombia también se construye desde ellas

Reconocer estos referentes no significa afirmar que el liderazgo tenga género.

Significa reconocer una realidad histórica: durante mucho tiempo, numerosas capacidades femeninas tuvieron que abrirse paso en espacios donde su presencia no era habitual.

Hoy el desafío es diferente.

No basta con abrir las puertas.

También es necesario garantizar que quienes las atraviesen encuentren condiciones para permanecer, crecer y aportar.

La educación, la ciencia, la cultura, la empresa, la política y las instituciones necesitan perspectivas diversas. Una sociedad que limita el talento de una parte de su población termina limitando sus propias posibilidades de desarrollo.

Por eso hablar del liderazgo femenino colombiano no debería entenderse como una competencia entre hombres y mujeres.

Se trata de ampliar la capacidad de Colombia para construir futuro.

Una científica puede cambiar la manera de comprender una enfermedad.

Una artista puede llevar el nombre del país al mundo.

Una figura histórica puede convertirse en símbolo de resistencia.

Una empresaria puede crear oportunidades y abrir caminos.

Y detrás de todas esas historias existe una misma decisión:

no aceptar que las circunstancias definan los límites del talento.

El verdadero liderazgo

Quizá el mayor desafío de nuestro tiempo no consista en demostrar que las colombianas pueden liderar.

Eso ya ha sido demostrado.

El verdadero desafío consiste en construir una sociedad donde niñas y jóvenes puedan crecer sin pensar que deben escoger entre inteligencia y belleza, familia y profesión, sensibilidad y autoridad, identidad y éxito.

Una sociedad madura no obliga a nadie a reducirse para encajar.

Educa para la autonomía.

Reconoce el mérito.

Protege la dignidad.

Premia el conocimiento.

Abre oportunidades.

Y entiende que cuando una persona desarrolla plenamente sus capacidades, no crece solamente ella.

También crece su familia, su comunidad y, finalmente, el país.

A mi criterio muy personal puedo decir que: más que hablar de mujeres que llegaron a la cima, deberíamos hablar de mujeres que ayudaron a ampliar el horizonte.

Porque el liderazgo verdadero no consiste únicamente en llegar primero.

Consiste también en demostrar que después de nosotras puede llegar alguien más.

Y que el camino, una vez abierto, ya nunca vuelve a ser el mismo.



Mileydiz Sánchez

Productora Nacional Independiente en radio y TV de Venezuela #15761

Ministerio de Comunicación e Información de la República Bolivariana de Venezuela

 
 
 

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