• Jorge Acosta

La Violencia intrafamiliar una realidad en nuestro tiempo

Mereces amor … Cuando el príncipe se convierte en ogro.

Crónica de un final anunciado. Cuando nuestra

mente distorsiona la realidad.








Por: Albana Cristina Ceberio

Periodista Argentina

Catedrática de oratoria

Coach en Comunicación

albanacristinaceberio@gmail.com

facebook.com/albanacristina.ceberio



Creció escuchando cuentos de princesas valoradas y amadas por príncipes amorosos y fuertes. Incluso, un día encontró su propio príncipe…


Ella pasó frente al espejo y su labio inferior sangraba....


Lo primero que pensó fue; Qué hizo para provocar esa reacción en su pareja.


Hasta ese día, todo estaba bien. Él tenía mucha paciencia con ella y sus torpezas. Incluso, él se quedaba a su lado. Un hombre tan maravilloso, aceptaba vivir junto a su lado. Era su príncipe azul y le demostraba amor con cada caricia, a pesar de ver y tolerar sus defectos.


Y es que ya no tenía el mismo cuerpo que lo había enamorado y a pesar de no estar atenta todo el tiempo y descuidar algunos detalles importantes para él, especialmente cuando sabía que volvía cansado del trabajo, él siempre regresaba a la casa.


Era consciente que cualquier día, su gran amor, se cansaría de soportarla y volaría lejos, al lado de una mujer más joven, más hermosa. Tal vez, igual a ella, cuando lo conquistó.


Mientras se limpiaba el rostro, entre su labio sangrante y las lágrimas; entre el dolor de haberlo decepcionado, de no hacerlo feliz y causar tantos problemas, pensaba con miedo, en lo que podría ocurrir a su regreso. Acaso, la perdonaría?


Sentía tanta culpa, tanta vergüenza. Quería ocultar con maquillaje su injustificado dolor, por lo que ella misma había causado. Que todos la vieran feliz y radiante. Él lo merecía, todos lo merecían.


Tú, la que está leyendo esto, lo has vivido? Has pensado de esta manera alguna vez?


Entonces, déjame decirte algo, has entendido muy mal, el cuento de príncipes y princesas.


Muchas mujeres, hemos vivido como hijas y/o parejas, situaciones como éstas. Incluso, con mayor violencia física, verbal, emocional, económica. Manipulaciones, culpa … y la lista puede hacerse infinita.


Te diré algo, hay cosas que debes comenzar a entender. La primera de ella es que estás con la persona equivocada.


Es difícil, sí. Pero te propongo un ejercicio. Separemos a nuestro príncipe, de los sueños y proyectos que creamos en nuestra mente, para vivir a su lado. Luego, obsérvalo y, despojado de nuestras expectativas, mira qué es lo que queda.


Esos sueños y proyectos, te pertenecen. Son maravillosos y son parte de ti, pero él, no lo es.


Por qué? Porque somos seres individuales y completos que elegimos unirnos a otros seres individuales y completos, para formar una pareja con quien compartir la vida, e incluso, llegar a formar una familia.


Pero si ese compañero de viaje se convierte en tu cruz, debes soltar.


Conserva tus sueños, siempre hay tiempo para realizarlos, uno a uno, aunque hoy no puedas verlo. Pero los cumplirás, con alguien más. Alguien que valore todo lo que eres, refleje todo lo que vales y te haga sentir tranquila. Con quien uses el maquillaje para verte aún más bonita, no para tapar la hinchazón de tu rostro.


Y cuánto vales?

La respuesta está dentro de ti, no en el comportamiento o juicio de otra persona.


Su violencia es lo único que él tiene para ofrecer en ese momento, no tienes por qué aceptarla.


Cambiar tu foco de atención, es URGENTE!!!

Primero, reconoce que no provocaste su violencia, él ya es violento. No mereces ser maltratada, en ninguna de sus formas. El ignorarte, también es una forma de violencia.


Las parejas sanas hablan, llegan a un acuerdo, no culpan, no ofenden, no manipulan. Te mereces una relación sana.


Segundo, PIDE AYUDA.

No pierdas tiempo. Nunca será la última vez que lo haga. No, antes de someterse voluntariamente a un tratamiento terapéutico profesional.


Del mismo modo que no tienes responsabilidad sobre sus reacciones, no puedes controlar su ira. Sólo aléjate.


Puede ser tu novio y comenzar a ignorante, mentir, hacerte sentir inferior. Puede ser tu pareja o el “príncipe” de nuestra historia, no importa. Todas, en diferentes tónicas, son señales de que debes alejarte.


No te equivoques, si tienes hijos, ellos nunca estarán mejor si sienten que su madre está sufriendo violencia. Son chicos, no tontos. Lo saben, lo perciben. Deja de pensar como víctima y enséñales a superarse y no rendirse. A salir de cualquier infierno o situación difícil.


Comienza de nuevo. Si tienes hijos, ellos son tu familia, si no los tienen, aléjate sola, pero aléjate.


No eres la única. Es por esta razón que existen, cada vez, más asociaciones y programas para mujeres y niños, víctimas de la violencia.


No eres la única. De lo contrario, yo no estaría escribiendo esto.


Tranquila, tú puedes. Todo irá bien. Eres fuerte y vales la pena. Estás en este mundo por una razón superior, no sería lo mismo sin tí.


Hoy, es difícil ver con claridad, es normal. El universo, Dios, los ángeles, en quién tú creas, están contigo. Sólo confía y aléjate. Comienza a sanar. Luego, verás todo con claridad. Lo que opinen los demás, no importa. Sólo escucha tu voz interior, la que a gritos, te pide que dejes de justificarlo y quiere que vivas en armonía, equilibrio y paz.


Sé fuerte por ti y para ti, te lo mereces. En todo el mundo, hay equipos profesionales de personas esperando tu llamada para ayudarte. Ellos están para ti.


Te dejo una lista de números a los que puedes llamar, pero si tu país no se encuentra en esta publicación, busca en internet, encontrarás un número de emergencia. Ellos funcionan en forma gratuita, anónima, las 24 horas, los 365 días del año.


Hay asociaciones que te ayudarán a encontrar un lugar si no tienes nadie más a quien recurrir. No estás sola, no importa dónde te encuentres, hay un mejor lugar esperando por ti.


Tú creas tu futuro con las decisiones que tomas hoy.


Los hombres, sufren violencia intrafamiliar?


Por extraño que parezca y posiblemente a causa del despertar social en cuanto a la violencia hacia la mujer, dejamos casi en la oscuridad, el maltrato y la violencia desde las mujeres hacia los hombres. Manipulación, amenazas, utilización de los hijos, falsas denuncias … la violencia siempre será un recurso innecesario, más allá de su origen y de su destinatario.


En la época en que me tocó ser una niña, viví como hija, la violencia intrafamiliar. Era una vivencia cotidiana. Los golpes de mi padre hacia mi madre, las amenazas, las humillaciones y luego … WOW!!!! Algo que no entendía y me molestaba mucho, por aquel entonces: “la reconciliación”.


Sabía que era solamente un tiempo de espera para tomar aire, justificarse y volver a la guerra. En aquella época, la violencia era física y el resto, se interpretaba como simples problemas conyugales entre personas de mal carácter. Cuánta ignorancia!


Los tiempos han cambiado y lo que era un hecho de índole privado, se convirtió en una lucha social. Necesaria, pero desigual. Primero se reconoció que no se trata de “mal carácter o personalidad difícil o fuerte”, es violencia. Física, verbal, emocional, económica … VIOLENCIA y por tanto, INACEPTABLE.


Sin embargo, la mujer también ejerce violencia. El hombre, también puede ser víctima de maltrato. Lo más común se presenta en la etapa del divorcio. La manipulación con los hijos, es una de las actitudes violentas más comunes y penosas ya que no sólo se apunta al hombre, sino que en ese frenesí de venganza o castigo, se pasa por encima de los niños.


Creo que ya estamos en una época y a la altura de acontecimientos en que no debería distinguirse la violencia de acuerdo a quién va dirigida o de quién la ejerce. Es en esencia, un acto deplorable para cualquier ser. Con eso, debería ser suficiente.


Parte de la realidad, es que venimos de una cultura machista y pasamos sin escalas a una cultura feminista. Los extremos de la misma peste. Del pie del hombre sobre la cabeza de la mujer al pie de la mujer sobre la cabeza del hombre. Y en medio, una educación de mier… perdón, una educación inapropiada hacia los niños. Tan errónea que termina siendo un acto violento en sí mismo.



Enseñar a un hijo que no es de hombres llorar, que debe mantener las riendas de su matrimonio y controlar a su esposa. Como si los hombres no fueran seres humanos, el matrimonio fuera una pesada carreta de la cual tironear y la mujer un caballo desbocado al que hay que dominar.


Enseñar a una niña a comportarse a los doce años como una mujer de treinta, porque eso le da autoestima, valor y libertad. A una joven a humillar al hombre para no ser dominada, es sólo sembrar más violencia y rivalidad donde debe haber complemento y compañerismo. Y son sólo algunos ejemplos de, no sólo la educación que los propios padres brindan muchas veces a sus hijos, sino la que ofrecen muchos medios de comunicación, influencers, etc.


No hemos tomado conciencia que estamos formando o deformando a los hombres y mujeres del futuro. Nuestros hijos escuchan y ven cómo resolvemos las dificultades, cómo nos relacionamos, cómo reaccionamos y luego repiten.


Cuando una madre le habla mal de su padre a un hijo, está ejerciendo violencia contra ese hijo y su padre. Cuando una mujer manipula a su esposo utilizando a sus hijos, ejerce violencia contra ese hombre y convierte en objetos a sus hijos. Cuando una mujer impide una sana relación entre padre e hijos, ejerce violencia emocional contra ambas partes.


Si fue un mal esposo, es un problema de la pareja, nada tienen que ver los hijos. Resuelve el problema como un adulto sano, sin manipular y contaminar con tu decepción, frustración y enojo, la cabeza de los niños. Ellos también tienen derechos. Tu matrimonio terminó, pues intenta hacerlo de la mejor manera, sin abusos, sin venganzas, sin odio.


Para qué quieres aferrarte a algo que no funciona? Para qué aferrarte al rencor y envolver en ese infierno a tus hijos?


Los hijos no son nuestra propiedad, son seres independientes que nos necesitan para crecer. Luego tendrán su propia vida y tomarán sus propias decisiones. Es imperioso vigilar atentamente con qué los estamos alimentando. Con tus frustraciones por no haber sido feliz, por haber sido engañada, por celos y pensar que es mejor apartarlos de su padre para que no llamen mamá a otra mujer? En verdad necesitas envenenar la vida de tus hijos con lo que tú no has podido superar o aceptar?


Los hombres también sufren violencia, incluso física y es muy difícil enterarse de ello por los patrones culturales, ya que en lugar de recibir el apoyo que recibimos las mujeres, serían juzgados porque como ya vimos, “los hombres no lloran”, menos aún pueden recibir golpes. Sin embargo, muchos hombres lo viven en silencio.


Atados a un matrimonio sin amor o tóxico, intentan sostener esa situación para no perder contacto con los hijos, para no sentirse malos padres al dejar la casa familiar. Cuando te das cuenta que lo más conveniente y justo es sanar, incluso el terminar una relación es un acto de justicia. Porque todos los involucrados merecen una vida en paz, armonía, amor. Las cosas deben cambiar, dejar ir y comenzar de nuevo, si es necesario.


Permitir que nuestros hijos vean que el amor o el desamor de una pareja, nada tiene que ver con el amor de esos padres para con sus hijos. Es un maravilloso acto, no sólo de amor, sino también, de respeto. Cada uno tiene derecho a rehacer su vida y que los niños formen parte de esa vida.


Para obtener una sociedad sana, es imperioso dejar de repetir viejos patrones culturales que sólo nos han envenenado.


Una pareja camina a la par, se apoyan mutuamente, trabajan conjuntamente como equipo en una relación equilibrada. Educan a sus hijos dentro de un ambiente sano, de respeto y equidad. Porque cuando el amor se termina, debe quedar el respeto para la separación. De lo contrario, la violencia sólo cambiará de nombre, de forma, de persona, pero en definitiva, seguirá destruyendo vidas, sueños, relaciones.


Créeme, yo vi a mi padre golpear duramente a mi madre, la vi a ella llorar por los repetidos engaños; siempre las hijas en medio intentando hacer algo. Y luego, me tocó recordar los golpes de mi madre, los insultos, los gritos. Envueltos en una competencia de quién era más violento, terminé criando a mis propios hijos, con el ejemplo que mi imaginación me marcaba, al recordar mi infancia y pensar cómo me habría gustado que hubiera sido, cómo me habría gustado que actuaran mis padres.


Ese fue mi ejemplo a seguir, la antítesis de lo que vi en mis padres. Víctimas y victimarios. Un mundo de locura, tan absurdo como innecesario.

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