• Jorge Acosta

Hacia nosotros: Esas malditas mentiras





Por: Albana Cristina Ceberio

Periodista Argentina

Catedrática de oratoria

Coach en Comunicación

albanacristinaceberio@gmail.com

facebook.com/albanacristina.ceberio


“Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad.” Marco Aurelio

Posiblemente sea sencillo hacer una lista, con las mentiras más relevantes que hemos escuchado en la vida. Sin embargo, la cosa se pone pantanosa y difícil, cuando

debemos sincerarnos y escribir cada una de las mentiras que nos decimos a nosotros mismos.

El autoengaño suele servirnos para “acomodar”, aquella piedrita en el zapato. Esa incomodidad que atrevidamente, busca sacarnos de la zona de confort que hemos creado.

Pero, el mismísimo Marco Aurelio, Emperador romano desde el año 161, hasta su muerte en el año 180, nos marca claramente, la diferencia entre perspectiva, opinión y VERDAD. Entonces, dónde está el límite entre la opinión, la perspectiva y la mentira, especialmente cuando se trata de uno mismo? Es simple, sólo hay que atreverse a observar la intención que tenemos al aceptar como real o verdadero, el

juicio que estamos comprando.

A menudo sentimos la necesidad de justificarnos ante nosotros mismos, para no sentir remordimiento o culpa. Acomodamos los hechos hasta el punto de deformarlos para que encajen dentro del sistema de valores que acuñamos durante toda la vida. Así, encontramos un atajo que nos libera de reconocer un error.

Nos justificamos escondiendo la falta detrás de las circunstancias, la provocación de otra persona, la crianza recibida, las vivencias traumáticas de la niñez … AMIGO, ES HORA DE CRECER!!!

Sin miedo, sin justificativos, pero con compasión. La autoflagelación es el otro extremo y por tanto, tampoco sirve. Parece complicado? Vayamos por partes.

Imaginemos una relación de pareja en la que hay abuso verbal y emocional. La parte agredida, se siente devastada, se ubica en una zona de carencia, dolor, frustración.

Un lugar que, claro está, es negativo, autodestructivo y por tanto, innecesario. Aquí, los límites son fundamentales. Estos límites surgen de la autoestima (no orgullo). Las relaciones sanas, de cualquier índole, tienen límites sanos. Te amo y te respeto, pero primero me amo y me respeto y por eso, sé lo que permito y quiero en mi vida y lo

que no. En consecuencia, establezco límites sanos y fundamentales.

La parte agresora, una vez calmadas las aguas, se da cuenta de su error y decide hablar con su pareja. Tal vez podría decir algo como, …me equivoqué y dije cosas que en verdad no siento. Sé que te lastimé, pero tú debes reconocer también que me has provocado. Yo sé que actué mal, pero tuve una vida dura, en el trabajo lo estoy pensando mal … los niños me agotan todo el día y cuando llega esta hora, estoy agotada y no pienso lo que digo … mis padres me enseñaron a golpes y soy así, es mi personalidad, no la puedo cambiar, pero tú sabes que soy un tipo bueno…

Hasta el primer “pero…”, veníamos bien y la cag…

Aprender a reconocer la mentira, percepción distorsionada o manipulación emocional, de una verdadera disculpa o pedido de perdón que supone un genuino arrepentimiento es todo un arte y puede ser, en principio, una tarea que se conciba como algo titánico, pero sólo se trata de ser sinceros con uno mismo, atreverse amirar hacia adentro, con ojos de aprendiz y evolucionar. Paso a paso, pero sin descanso.

Puede resultar un poco difícil? Nadie dijo que vivir sea fácil, pero es menos costoso que pasar dormido la vida entera.

Rebobinemos. Si aceptamos lo anterior, (en nuestro ejemplo), como una disculpa, estamos comprando pescado podrido. Lo hacemos porque caemos ingenuamente en el engaño, o porque también nos mentimos para no enfrentar el problema.

Por otro lado, el agresor, debió dedicar esfuerzo y tiempo en buscar argumentos suficientemente fuertes, como para acomodar los hechos, cuál pieza de un rompecabezas que, aunque sabemos que no empata con el lugar donde intentamos colocarla, la empujamos con fuerza, hasta deformarla y a pura presión, logramos que entre en un lugar que no le corresponde.

El autoengaño sólo nos adormece más. Perdemos la oportunidad de aprender de nuestros errores. La lección se pierde y caemos una y otra vez, en el mismo error, hasta que hacemos el trabajo y rompemos el ciclo.

Cuando hemos identificado un error, ya comenzamos el cambio, algo se ha aprendido, de lo contrario no lo reconoceríamos como un error. Entonces, para qué enmascararlo y perder la oportunidad de profundizar y salir del pantano?

El arrepentimiento implica dolor y es verdad que a nadie le gusta pasar por la experiencia de sentir dolor, pero al aceptarlo, perdonarnos y hablar con sinceridad de esto con nuestra pareja, (en el ejemplo planteado), liberamos esa carga. El pecho se abre, nos sentimos en paz.

El ser compasivos con nosotros mismos, no quiere decir que inventemos justificativos. Quiere decir que debemos ser tolerantes ante los errores propios, entendiendo que lo más importante de un error, es la lección y el aprendizaje. Es la llave para caminar por la vida, más livianos, menos cansados, más consientes, menos atados a ciclos destructivos.

Dejar las mentiras a un lado, nos enfrenta con nuestras carencias, nuestras virtudes, nuestras luces y sombras. Que mejor cita que con nosotros mismos para conocernos, amarnos en esas partes que aún duelen y arrastramos del pasado, perdonarnos, perdonar a los demás, agradecer la lección, soltar los sentimientos que nos provocan dolor y avanzar. Agradecer cada detalle, el despertar, el poder hacer todo aquello que nuestras capacidades y condición nos permite. Agradecer, agradecer y agradecer.

Llevar nuestra vida al siguiente nivel, poniendo nuestra atención y energía en lo positivo, soltando lo que ya no existe, como el pasado, lo que la mente nos dice que podría, debería, tendría …

Ya está, no existe. Aprender la lección y avanzar. No somos víctimas, somos aprendices. “Somos”, más allá de los hechos, de los acontecimientos. Nuestro ser, nuestra esencia está más allá. El viento no puede apagar el fuego de un volcán en erupción. Simplemente no puede hacerlo. Las circunstancias tampoco pueden quebrantar nuestro ser, simplemente no puede.


6 visualizaciones0 comentarios