¿ESTAMOS ESCUCHANDO A NUESTROS HIJOS?



La conversación que puede protegerlos antes de que alguien más ocupe nuestro lugar
A veces, un niño no deja de hablar porque no tenga nada que decir, sino porque ha aprendido que nadie lo escucha.
Puede ocurrir cuando responde: “Mamá, quiero contarte algo” y recibe un “Ahora no”. Cuando intenta explicar lo que siente y nosotros lo llamamos exageración, lo atribuimos a una etapa o lo reducimos a “cosas de niños”. Cuando estamos físicamente a su lado, pero emocionalmente demasiado lejos.
No siempre sucede por falta de amor. Muchas veces ocurre porque estamos cansados, preocupados y atrapados en una rutina que no nos deja respirar. Pero nuestros hijos no siempre interpretan nuestro cansancio como cansancio: pueden sentirlo como rechazo, indiferencia o falta de amor.

Por eso, la tesis central de estas páginas es sencilla y urgente: escuchar a nuestros hijos no es un gesto secundario ni una muestra de permisividad; es una forma concreta de protegerlos. La confianza que construimos en casa puede ayudarles a hablar cuando enfrentan tristeza, miedo, acoso escolar, violencia, abuso, presión de grupo, consumo de drogas o engaños en internet.
Cuando un niño deja de contar lo que le ocurre, no necesariamente está bien. Puede estar atravesando una situación que todavía no sabe cómo explicar. Y si no encuentra un espacio seguro en casa, puede buscarlo en otro lugar.
Hoy ese lugar puede estar al otro lado de una pantalla.
Las redes sociales permiten comunicarnos, aprender y relacionarnos, pero también pueden ser utilizadas para engañar y captar a menores. El Ministerio del Interior advierte que las redes criminales utilizan, entre otras estrategias, redes sociales, falsas ofertas laborales, promesas de estudio y engaños afectivos para captar víctimas de trata. Entre enero de 2022 y junio de 2026 fueron identificadas y caracterizadas 1.448 víctimas de trata de personas en Colombia.
Por eso la pregunta no es solamente:
“¿Qué está haciendo mi hijo en internet?”
También debemos preguntarnos:
“¿Con quién está hablando y por qué siente que puede contarle a esa persona cosas que quizá no puede contarme a mí?”
No se trata de perseguir cada conversación ni de destruir su intimidad.
Se trata de acompañar.
De enseñarles a reconocer una amenaza, un engaño o una manipulación.
Y, sobre todo, de construir suficiente confianza para que puedan decir:
“Mamá, alguien me está escribiendo y no sé qué hacer”.

LAS CIFRAS TAMBIÉN NOS ESTÁN HABLANDO
Las estadísticas no cuentan toda la historia, pero sí pueden ayudarnos a mirar aquello que no debemos ignorar.
Durante enero de 2026, el ICBF recibió 14.402 solicitudes por presunta amenaza o vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes. De ellas, 8.792 correspondieron a violencia física, psicológica y/o negligencia, mientras 2.944 estuvieron relacionadas con violencia sexual.
BOGOTÁ: UNA CIFRA QUE NO PODEMOS IGNORAR
Entre enero y junio de 2026 se registraron en Bogotá 538 reportes de desaparición de menores de edad, según cifras del Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres —SIRDEC— de Medicina Legal divulgadas por el Concejo de Bogotá.
De esos reportes, 362 correspondieron a niñas y adolescentes mujeres, equivalentes al 67 %. Además, 462 reportes correspondieron a adolescentes entre 12 y 17 años, aproximadamente el 86 % del total de menores reportados.
Los datos sobre la situación de los casos deben leerse con cuidado porque los registros pueden actualizarse conforme aparecen los menores y se incorporan nuevas novedades.
Pero una cifra permanece imposible de ignorar:
538 familias reportaron la desaparición de un menor durante solamente seis meses en Bogotá.
Detrás de cada reporte no hay un número.
Hay una madre.
Un padre.
Un hermano.
Una familia esperando una llamada.
¿Y LAS DROGAS?
La prevención tampoco puede comenzar cuando encontramos una sustancia en el bolsillo de nuestros hijos.
Debe comenzar mucho antes.
El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar 2022, realizado por el Observatorio de Drogas de Colombia y el Ministerio de Educación, encontró que la edad promedio de inicio del consumo de alguna sustancia ilícita entre los escolares fue de 13,7 años. El estudio incluyó 87.508 estudiantes de 12 a 18 años.
Este dato no corresponde a una medición de 2026, pero continúa siendo una referencia oficial para entender la edad en la que puede comenzar la exposición al consumo.
El mismo estudio encontró que el 6,7 % de los estudiantes reportó consumo de alguna sustancia ilícita durante el último año, equivalente a alrededor de 234.000 estudiantes dentro de la población representada por el estudio.
Y hay un mensaje especialmente importante para los padres: el estudio encontró una relación entre el nivel de involucramiento parental y los indicadores de consumo.
La presencia importa.
ANTES DE BUSCARLOS, APRENDAMOS A ESCUCHARLOS
Quizá nuestros hijos no necesitan padres perfectos.
Necesitan padres disponibles.
Padres capaces de decir:
“Cuéntame qué pasó”.
“No voy a juzgarte; primero voy a escucharte”.
“Si alguien te amenaza, te pide fotografías, te ofrece algo extraño o te dice que guardes un secreto, puedes contármelo”.
“Aunque hayas cometido un error, puedes venir a mí”.
Y nosotros también podemos reconocer:
“Hoy estoy cansado, pero tengo tiempo para ti”.
“Me equivoqué al gritarte”.
“Perdóname”.
Porque el cansancio explica muchas cosas, pero no puede convertirse en una excusa para dejar solos emocionalmente a nuestros hijos.
CINCO MINUTOS PUEDEN CAMBIAR UNA CONVERSACIÓN
Apaguemos por un momento el celular.
Sentémonos frente a ellos.
Miremos sus ojos.
Y preguntemos:
¿Qué te preocupa?
¿Hay alguien que te esté molestando?
¿Alguien te ha pedido que guardes un secreto?
¿Hay alguien en internet que te esté escribiendo y te haga sentir incómodo?
¿Tienes miedo de contarme algo?
Pero después de preguntar viene lo más importante:

ESCUCHAR.
Sin interrumpir.
Sin burlarnos.
Sin minimizar.
Sin convertir inmediatamente la conversación en un regaño.
Porque un niño que sabe que puede hablar con sus padres tiene una herramienta de protección que ninguna aplicación puede reemplazar.
UNA SOCIEDAD QUE ESCUCHA, PROTEGE
La protección de la infancia no es responsabilidad exclusiva de las familias.
También involucra colegios, instituciones, autoridades, profesionales y comunidades.
En Colombia, el ICBF dispone de la Línea 141 para reportar amenazas o vulneraciones de derechos y solicitar orientación relacionada con niños, niñas y adolescentes.
Pero existe algo que ninguna línea telefónica puede reemplazar:
la confianza que construimos todos los días en casa.
No esperemos a buscarlos cuando ya no estén.
APRENDAMOS A ENCONTRARLOS MIENTRAS TODAVÍA ESTÁN A NUESTRO LADO.
Porque quizá ese mensaje que hoy ignoramos, ese cambio de comportamiento que hoy minimizamos o esa conversación que dejamos para mañana sea precisamente el llamado de auxilio que necesitábamos escuchar hoy.
Por nuestros niños. Por nuestras niñas. Por sus sueños. Por su futuro.
ESCUCHAR TAMBIÉN ES UNA FORMA DE PROTEGER.
¿Y SI LOS MEDIOS TAMBIÉN NOS CONVERTIMOS EN REFUGIO?
Una propuesta para llegar a nuestros jóvenes antes de que el peligro los encuentre
Hay una generación que vive gran parte de su vida frente a una pantalla. Allí estudia, se entretiene, hace amigos, busca respuestas y, muchas veces, intenta encontrar aquello que siente que le hace falta.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Estamos llegando nosotros, como medios de comunicación, a esos niños y jóvenes?
Si ellos están en las redes sociales, ¿por qué no utilizar esos mismos espacios para llevarles información, orientación, oportunidades y mensajes que puedan transformar sus decisiones?
Quizás el problema no sea solamente que nuestros jóvenes pasan demasiado tiempo en Internet, sino qué tipo de contenido encuentran y qué aprenden de ello.
Un joven que encuentra en las redes únicamente contenidos de violencia, consumo, sexualización, retos peligrosos o personas que buscan aprovecharse de su vulnerabilidad necesita encontrar también otra opción.
Necesita encontrar historias de superación.
Deporte.
Arte.
Música.
Emprendimiento.
Educación.
Orientación.

Personas que puedan decirle:
“Tú tienes un talento. Tu vida tiene valor. No estás solo.”
El medio de comunicación también puede escuchar
Durante años hemos entendido los medios como espacios para informar.
Pero hoy podemos hacer mucho más.
Podemos crear canales de comunicación donde un adolescente pueda encontrar orientación, conocer rutas de ayuda y descubrir alternativas antes de que una situación se convierta en una crisis.
Podemos entrevistar a profesionales.
Podemos conversar con psicólogos, trabajadores sociales, docentes, padres, jóvenes y organizaciones especializadas.
Podemos contar historias de personas que lograron superar una adicción sin convertirlas en espectáculo.
Podemos mostrar que pedir ayuda no es una vergüenza.
Y podemos hablarles a los jóvenes en el lenguaje y en las plataformas donde ellos están.
Porque si queremos prevenir, tenemos que estar presentes antes del problema.
¿Y qué podemos hacer con nuestros padres y familias?
Hay padres que aman profundamente a sus hijos, pero no saben cómo hablarles.
Padres agotados.
Madres que trabajan todo el día.
Familias que enfrentan dificultades económicas.
Adultos que crecieron bajo modelos de crianza basados en el grito y el castigo y que nunca aprendieron otras herramientas. No queremos jugarlos solo apoyarlos en este proceso de cambio.
Los medios podemos ayudar a abrir esa conversación.
No para señalar al padre que se equivocó, sino para enseñarle que todavía puede cambiar.
Una campaña permanente podría llevar mensajes sencillos:
“Hoy pregúntale a tu hijo cómo se siente.”
“Conoce a sus amigos.”
“Habla con él sobre lo que encuentra en internet.”
“Escucha antes de juzgar.”
“Si tienes un problema, busca ayuda.”
Son mensajes pequeños, pero repetidos constantemente pueden convertirse en cultura de prevención.
No queremos llenar los centros de rehabilitación; queremos evitar que nuestros jóvenes lleguen a ellos
Los centros de rehabilitación cumplen una función importante para quienes ya enfrentan problemas de consumo y necesitan atención.
Pero nuestra pregunta como sociedad debería ser otra:
¿Qué estamos haciendo antes de que ese joven necesite llegar allí?
La prevención tiene que comenzar mucho antes.
En la familia.
En el colegio.
En el barrio.
En el deporte.
En la cultura.
En los medios.
En las redes sociales.
Y aquí existe una enorme oportunidad.
¿Por qué no crear programas dirigidos por y para jóvenes?
¿Por qué no ofrecerles espacios donde puedan hablar de sus problemas sin sentirse juzgados?
¿Por qué no descubrir sus talentos y convertirlos en protagonistas?
Un muchacho que encuentra una oportunidad para cantar, bailar, practicar un deporte, aprender un oficio, emprender o desarrollar una habilidad puede comenzar a imaginar un futuro diferente.
No se trata de salvar a nuestros jóvenes desde un estudio de televisión o una cabina de radio.
Se trata de crear puentes entre ellos y las personas e instituciones que pueden ayudarlos.
Esta también es nuestra responsabilidad
Como medios de comunicación tenemos una responsabilidad que va más allá de informar cuando ocurre una tragedia.
No queremos aparecer únicamente cuando un niño desaparece, cuando una adolescente es víctima de explotación o cuando un joven termina en una situación de adicción.
Queremos llegar antes.
Queremos que nuestros contenidos también sean una puerta hacia la prevención.
Que una niña que tenga miedo encuentre información.
Que un adolescente que esté siendo presionado por sus amigos encuentre orientación.
Que una madre que no sepa cómo acercarse a su hijo encuentre herramientas.
Que un padre que está agotado comprenda que pedir ayuda también es una forma de proteger a su familia.
Y que nuestros jóvenes descubran que existen muchas maneras de construir su futuro.
La pregunta que queda abierta
Si nuestros jóvenes pasan horas en las redes sociales...
¿Por qué no hacemos que allí también encuentren esperanza?
Si buscan respuestas en internet...
¿Por qué no ayudamos a que encuentren respuestas seguras?
Si necesitan ser escuchados...
¿Por qué no creamos espacios para escucharlos?
Y si queremos evitar que terminen en las drogas, en la violencia, en redes de explotación o en situaciones que pongan en peligro sus vidas...
¿por qué no comenzamos a construir alternativas hoy?
Quizás nuestra tarea como medios no sea solamente contar lo que está ocurriendo.
Quizás también sea ayudar a cambiar lo que está ocurriendo.
Porque antes de rescatar a un joven del peligro, tenemos que ofrecerle razones para no entrar en él.
Y a veces una conversación, una oportunidad, una historia, una mano extendida o una voz que diga “tú puedes” puede ser el comienzo de un camino diferente.









Comentarios