CONTANDO MÍ CUENTO
- Roberto Trobajo Hernández

- hace 2 horas
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Tuve la fortuna de conocer al Gabo cuando nos compartió conocimientos en uno de sus talleres, “Cómo se cuenta un cuento”, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en Cuba (fundada por él y a la que le dedicaba tiempo y dinero de su bolsillo para apoyar y financiar a estudiantes de cine de América Latina, el Caribe, Asia y África), y no era inaccesible, todo lo contrario: lo recuerdo bromista y supremamente sencillo y humilde.
El Gabo se la pasaba haciendo donaciones, pero siempre prefirió mantener un bajo perfil: además de la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños, dan fe de ello la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano –donde gracias a él, muchos cineastas jóvenes han logrado sus sueños– y la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano, que realiza talleres, da becas y premios a periodistas talentosos.
Al Gabo nunca le gustaron los protagonismos. Y si tuvo que asilarse en México, no fue porque quiso, sino por culpa de Julio César Turbay Ayala, que cuando fue presidente, lo acusó de financiar al M-19, algo que se probó nunca hizo. Gabo no vivía en Colombia no porque no lo quisiera, sino porque no podía, pero todos los días pensaba en su amada Colombia, que siempre estaba en su cabeza. Eso nos lo confesó varias veces a los que tuvimos el placer de aprender con el Gabo, aunque fueran, como en mi caso, un par de horas… inolvidables.











Emotivo Testimonio