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Y sus manos me llevaron a la poesía...

Foto del escritor: Jorge Acosta
Jorge Acosta
22 may
1 min de lectura

Ella estaba allí sentada frente a aquel papagayo, que al arrullo de la brisa se mecía con calma, mientras sus manos dulces, al ritmo de un suspiro de absoluta entrega, tejían mostacillas para crear un lindo girasol inmenso. Con un frenesí ardiente en el pecho y el pulso encendido por la pura inspiración, hilaba un lazo de mostacillas eterno con su obra, donde cada cuenta era una caricia y una promesa de perfección. Ese girasol floreciente y brillante terminaría luciendo en mi espléndido cuello de cristal, como un tributo sagrado a su arte bello.


Trenzaba el amor correspondido por el diseño, hallando en el arte de tejer de su propia inspiración y un tierno calor interior. En esos días de hilos infinitos y mansa quietud, busqué mil secretos en su dulce mirar, que brillaba con el fuego vivo de la creación. El gran girasol que terminó de crear con sus livianas manos de brillo y de luz era el reflejo de un alma que se entrega por completo a su propia magia y creación.


Allí concluía su afecto tan puro, sellando el vínculo definitivo con su propio arte. Tejía con la sabiduría y el legado ancestral que algún día su madre y abuela le enseñaron, enamorada de la tradición que cobraba vida entre sus dedos. Sus manos terminaban tejiendo mostacillas en una obra eterna y viva, un lazo inquebrantable de arte y pasión que el tiempo jamás borrará y que cuando se luzca en mi cuello siempre estarán las huellas de aquella gran artesana de mostacilla que siembra y cosecha sueños en su gran tejer.



 
 
 

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Emilia
22 may
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Tan hermoso Mensaje

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