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SOBREVIVIRNOS

  • Foto del escritor: Roberto Trobajo Hernández
    Roberto Trobajo Hernández
  • hace 2 horas
  • 3 min de lectura

Nuestra existencia es efímera, pero podemos trascender si legamos huellas imborrables. Las crisis que sobrevivimos bien pueden servirnos para crear empatías.

 

Las personas somos palomas o serpientes, dependiendo de la elección de cada cual, y somos cooperativos cuando queremos.

 

Nuestros talones de Aquiles son el individualismo, egoísmos, la tendencia a pensar demasiado en sí mismos y muy poco en los demás, antivalores con los que nos impregnamos durante siglos; empero, estamos viviendo en otro siglo de un nuevo milenio.

 

Debemos cambiar muchas cosas, conductas, para poder resolver los problemas que nos golpean. Conocimientos basados en experiencias, por muy amargas y duras que sean, nos darán frutos.

 

Lo que se rompió, destruyó, acabó, ha quedado en el camino, y lo que vuelva a nuestras vidas regresará bajo otras formas y patrones.

 

Toca sembrar distinto para cosechar diferente. Los milagros no se hacen solos, requieren de la intervención humana, pero…hay que evolucionar, crecernos, porque estos duros tiempos no están para estancamientos, máxime cuando ansiamos recuperarnos; y entonces se impone avanzar, raudos, veloces, moviéndonos rápidos hacia el mundo que merecemos, necesitamos, anhelamos, vital para sobrevivir.

 

¡Ojo! Podrían acontecer múltiples estallidos sociales si los estatus sociopolíticos no se actualizan, o cambian. Se impone evolucionar, tomándose conciencia de que hay que mirar a las personas como un todo, mirándose integralmente, viéndose las necesidades que tiene la gente de expansión, de liberación, de crecer, de estar mejor.

 

Tenemos que resurgir, cual ave Fénix, accionando para lograr cambios que nos permitan superarnos, desarrollarnos.

 


El éxito dependerá de que seamos solidarios, cooperativos, y para eso hay que andar muy juntos, sin ambivalencias, despojándonos de polarizaciones.

 

Nos sobreviviremos, resurgiendo, renaciendo, si logramos tender puentes sin dejarnos contaminar. Somos quienes tenemos que manejar nuestros destinos y así lograremos victorias; habrá disfrutes, mejores nuevos tiempos.

 

Los ególatras, excluyentes, polarizadores, no tendrán cabida, serán anulados porque la gente necesita de la solidaridad, de la cooperación, de sumarnos, unirnos, para sobrevivir.

 

Si todos somos de todos, algo de nosotros quedará en los demás y así nos perpetuaremos, el anhelo que siempre llevamos adentro para darle sentido a nuestras existencias.

 

Y como las realizaciones personales dependen de que se tengan visiones a largo plazo, tendremos que acabar con los pensamientos cortoplacistas que tanto daño nos han hecho.

 

Los políticos que apenas miran hacia las elecciones no tendrán futuro. La gente necesita de líderes reales, con visión larga, pragmáticos, que trabajen para las personas liderando procesos, para el bien de todos, pero con todos.

 

Ya el mundo cambió, acontece un renacimiento, y esa resurrección demanda que se tenga muy en cuenta a las voces de las mayorías, ávidas de cambios.

 

Las formas de hacer política tienen que ser distintas, dándoles voz a las futuras generaciones, porque las acciones de hoy repercutirán en el mañana.

 

En Japón aplican lo que los nipones llaman el “diseño futuro”, basado en una práctica ancestral de las comunidades aborígenes estadounidenses, consistente en que, al tomarse decisiones, se tiene muy en cuenta el impacto en las siguientes siete generaciones.


Los japoneses se reúnen en dos grupos: a uno le llaman los residentes del presente y a la otra mitad se les denomina los que vivirán a partir del 2050. Los resultados más asombrosos son que los ciudadanos que se imaginan viviendo dentro de tres décadas conciben ideas transformadoras, muy positivas, para el bienestar de las comunidades.


Muchas sociedades deberían adoptar esta modalidad para revitalizar democracias, reinventarlas, dándosele voz a las generaciones futuras, usando la imaginación que abunda en los seres humanos.


Hoy en el mundo vivimos unos 8.300 millones de personas. En los siglos se estima que nacerán decenas de miles de millones. Entre ellos estarán nuestros nietos, bisnietos, tataranietos, sus amigos. ¿Cómo nos mirarán por lo que hicimos o dejamos de hacer cuando tuvimos la oportunidad de mejorar vidas? Deberíamos ganarnos el ser recordados como muy buenas personas y no por imbéciles egocéntricos, cortos de mente, incapaces de crecer.

 

Nuestros cerebros están dotados de la capacidad de poder pensar a largo plazo. La mayoría de las demás criaturas, los animales, no son capaces de pensar con tanta anticipación como podemos las personas. Somos increíbles por poder hacerlo, y aunque es extraordinario, muchas veces no lo hacemos, por pereza o estúpida egolatría. Hacerlo puede motivarnos a actuar, y muy bien, excelente.

 


Las crisis que vivimos deben enseñarnos en qué hemos estado fallando, para replantearnos, y avanzar; tenemos oportunidades para repotenciarnos, ser más creativos, mejores.

 
 
 

2 comentarios

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Invitado
hace 14 minutos
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Impresionantes palabras

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Invitado
hace 42 minutos
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

EXCELENTE!!!

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