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Redes sociales: una ventana al mundo o una puerta al peligro para los niños

  • Foto del escritor: Mileydiz Sánchez
    Mileydiz Sánchez
  • hace 12 minutos
  • 4 min de lectura

Mileydiz Sánchez

Productora Nacional Independiente en radio y TV de Venezuela #15761

Ministerio de Comunicación e Información de la República Bolivariana de Venezuela


Las redes sociales transformaron la manera de comunicarnos, aprender, informarnos y relacionarnos. Sin embargo, detrás de sus beneficios existe una realidad que ya no puede ser ignorada: cuando son utilizadas sin orientación, supervisión y límites adecuados, pueden convertirse en un escenario de riesgos especialmente graves para niños, niñas y adolescentes.


El problema no está únicamente en cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, sino en qué encuentran al otro lado de ella, con quién interactúan, qué información comparten y quién puede estar observándolos.


Las cifras más recientes muestran que no se trata de una preocupación exagerada. La Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir de un estudio realizado con cerca de 280.000 jóvenes de 11, 13 y 15 años en 44 países y regiones, encontró que el uso problemático de redes sociales entre adolescentes aumentó del 7 % en 2018 al 11 % en 2022. En las niñas llegó al 13 %, frente al 9 % registrado entre los niños.


A esto se suma el ciberacoso. La OMS reportó que aproximadamente uno de cada seis adolescentes ha experimentado ciberacoso, mientras que el 15 % manifestó haber sido víctima de esta forma de violencia. El entorno digital permite que una agresión que antes podía terminar al salir de la escuela continúe dentro de la propia casa, a cualquier hora y frente a una audiencia potencialmente ilimitada.


Colombia frente a una realidad que exige atención


En Colombia, los datos recientes son todavía más contundentes.


Una investigación de UNICEF, ECPAT Internacional e INTERPOL, publicada en mayo de 2026, encontró que el 21 % de los adolescentes colombianos usuarios de internet, entre los 12 y 17 años, sufrió alguna forma de abuso o explotación sexual facilitados por la tecnología durante un solo año. El estudio estima que esto representa cerca de 860.000 niños, niñas y adolescentes.


Uno de los aspectos más preocupantes es que aproximadamente la mitad de estos casos ocurrió a través de redes sociales, principalmente Facebook, WhatsApp e Instagram. Además, el estudio rompe con una idea que puede generar una falsa sensación de seguridad en las familias: el agresor no siempre es un desconocido.


En la mitad de los casos analizados, el responsable era una persona que el menor ya conocía.


Esto significa que enseñarles a los niños a “no hablar con extraños” ya no es suficiente. La protección debe incluir educación sobre límites, privacidad, manipulación, solicitudes de fotografías, conversaciones sexuales, amenazas, chantaje y cualquier comportamiento que genere miedo o incomodidad.


El peligro puede comenzar con algo aparentemente inocente


Una solicitud de amistad, un mensaje privado, un comentario, un juego en línea o una fotografía pueden parecer situaciones cotidianas. Sin embargo, algunas formas de abuso comienzan precisamente mediante la construcción progresiva de confianza.


El agresor puede presentarse como un amigo, ofrecer regalos virtuales, prometer oportunidades, aparentar tener la misma edad o simplemente escuchar al menor hasta conseguir información personal.


UNICEF advierte que los riesgos digitales incluyen exposición a contenidos perjudiciales, acoso, intimidación y explotación y abuso sexual. En investigaciones realizadas en distintos países, las redes sociales aparecen como uno de los espacios donde ocurren estas formas de violencia.


Y existe un nuevo desafío: la inteligencia artificial. En 2025, la Internet Watch Foundation registró un fuerte aumento de material de abuso sexual infantil generado mediante inteligencia artificial. De acuerdo con datos reportados en 2026, los videos de este tipo identificados y considerados susceptibles de intervención pasaron de apenas 13 casos en 2024 a 3.440 en 2025.


La tecnología avanza rápidamente. La protección de nuestros niños no puede avanzar lentamente.


No se trata de prohibir: se trata de acompañar


Las redes sociales también pueden ser herramientas extraordinarias para aprender, crear, emprender, comunicarse y desarrollar nuevas habilidades. El desafío consiste en enseñar a utilizarlas de manera responsable.


Los padres, cuidadores, colegios, autoridades y las propias plataformas digitales tienen una responsabilidad compartida.


Los adultos deben conocer qué aplicaciones utilizan sus hijos, revisar las configuraciones de privacidad, establecer límites de edad y tiempo, conversar sobre los riesgos y, sobre todo, generar un ambiente de confianza en el que un niño pueda contar lo que le ocurre sin temor a ser castigado.


Porque si un menor siente que al revelar un problema será culpado, puede decidir guardar silencio.


Y el silencio es precisamente uno de los mayores aliados del abuso.


La protección digital comienza mucho antes de entregar un teléfono celular. Comienza enseñando a los niños que su cuerpo, su intimidad, sus fotografías, sus contraseñas y sus emociones tienen valor y nadie tiene derecho a manipularlos, amenazarlos o utilizarlos.



Hoy la pregunta ya no debería ser únicamente cuánto tiempo pasan nuestros hijos conectados.


La pregunta verdaderamente importante es:


¿Sabemos qué mundo están encontrando cuando se conectan?


La respuesta exige atención, educación y responsabilidad. Porque detrás de cada perfil infantil hay un niño real, con derechos, emociones y una vida que merece ser protegida también en el mundo digital.

 
 
 

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