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PEPSI y RUSIA

  • Foto del escritor: Roberto Trobajo Hernández
    Roberto Trobajo Hernández
  • hace 34 minutos
  • 2 min de lectura

En plena Guerra Fría ocurrió una de las historias comerciales más extrañas y poco conocidas del siglo XX. Mientras Estados Unidos y la Unión Soviética competían en política, armamento y exploración espacial, una marca norteamericana logró abrirse paso dentro del mercado soviético. Esa empresa era Pepsi.


Todo comenzó en 1959, durante la Exposición Nacional Estadounidense realizada en Moscú. Allí, el entonces vicepresidente estadounidense Richard Nixon mostró productos occidentales a los dirigentes soviéticos. En medio del recorrido ocurrió una escena histórica: Nixon le ofreció un vaso de Pepsi a Nikita Jrushchov frente a las cámaras. La fotografía dio la vuelta al mundo y marcó el inicio de una relación comercial inesperada entre la URSS y la compañía estadounidense.


Sin embargo, había un problema importante. El rublo soviético no podía utilizarse libremente en los mercados internacionales. La Unión Soviética no podía simplemente pagar millones de dólares a Pepsi como cualquier otro país occidental. Los soviéticos encontraron entonces una solución muy propia de la época: pagar con vodka.



Así fue como nació uno de los acuerdos más curiosos de la Guerra Fría. A cambio de producir y vender Pepsi dentro del territorio soviético, la empresa estadounidense recibió derechos exclusivos para distribuir vodka Stolichnaya en Estados Unidos. Durante años, las ventas de vodka ruso ayudaron a financiar la presencia de Pepsi en la URSS. Fue un intercambio que mezcló diplomacia, comercio y propaganda cultural en medio de un mundo dividido en dos bloques.


Pero la historia no terminó ahí.


En 1989, poco antes de la caída de la Unión Soviética, el contrato debía renovarse. El comercio entre ambos países seguía siendo complicado y Moscú necesitaba mantener el acuerdo. Entonces apareció una solución todavía más sorprendente, la URSS ofreció parte de su flota naval retirada del servicio como forma de pago.



El nuevo acuerdo incluía submarinos, destructores y varios buques soviéticos que serían vendidos posteriormente como chatarra a empresas occidentales. Durante algunos días, los medios estadounidenses bromearon diciendo que Pepsi se había convertido en la “séptima armada más grande del planeta”.


Aunque la empresa nunca operó realmente esos submarinos, la historia quedó como uno de los episodios más insólitos del comercio internacional.


La presencia de Pepsi en la Unión Soviética además tuvo un impacto cultural importante. Para millones de ciudadanos soviéticos, la bebida se convirtió en uno de los primeros productos occidentales accesibles de manera masiva. Era una señal de que, incluso en tiempos de rivalidad global, el intercambio cultural y económico podía abrir caminos inesperados.



 
 
 

3 comentarios

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Invitado
hace 8 minutos
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Curiosa historia!

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Invitado
hace 25 minutos
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interesante historia, gracias

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Invitado
hace 27 minutos
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

interesante historia

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