La transformación de Colombia y el mundo está en la economía solidaria . Una propuesta de estudio y reflexión


LA ECONOMÍA SOLIDARIA EN EL DEVENIR HISTÓRICO COMO ALTERNATIVA DE DESARROLLO HUMANO Y SOCIAL
Podemos partir en nuestro país de una definición legal de ECONOMÍA SOLIDARIA consagrada en el artículo 2.° de la Ley 454 de 1998, que adicionó la Ley 79 del 88, cuando preceptúa que: Para efectos de la presente ley, denomínase Economía Solidaria al sistema socioeconómico, cultural y ambiental conformado por el conjunto de fuerzas sociales organizadas en forma asociativa, identificadas por prácticas autogestionarias solidarias, democráticas y humanistas, sin ánimo de lucro para el desarrollo integral del ser humano como sujeto, actor y fin de la economía".
Las hordas primitivas practicaban la cooperación y así mismo lo hicieron los segundos imperios antiguos como los hititas, sumerios, asirios, babilonios, griegos, romanos y muy especial mención merece el colectivismo de los esenios, quienes en el siglo I de esta era crearon la Colonia Comunal de Ein Guedi, donde practicaron los principios de igualdad, solidaridad y democracia.
En la Edad Media sobresalen la institución agraria denominada El Manor, las corporaciones o guildas de los artesanos y el Mir y la Zadruga, como formas de cooperación, donde priman la democracia y la solidaridad.
Cooperar: Derivado del verbo italiano cooperar (cumoperari), significa trabajar con otros para el logro de un mismo fin. Hay cooperación cuando trabajamos en una empresa produciendo bienes y servicios; cuando nos agrupamos en una organización social de economía solidaria.
La cooperación es un fenómeno natural que está presente en las actividades humanas; máxime cuando el hombre es sociable por naturaleza.
En la comunidad Política Vitalista, “la autoconservación es posible en el marco de un orden que supere lo individual, es decir, a través de la solidaridad social”. Max Horkheimer.
“Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza”. Tennyson.
Legalmente, el sector de la Economía Solidaria y Social está regulado por la Ley 79 de 1988, adicionada por la Ley 454 de 1998 y todos los decretos reglamentarios.
El concepto de solidaridad y lo social se encuentra en el Preámbulo de la Constitución Política de 1991 y en los Artículos 1, 2, 38, 48, 49, 51, 57, 58, 60, 64, 65, 78, 79, 103, 189-24, 333, 334 y 340, amén de la múltiple jurisprudencia de la Corte Constitucional.
VALORES CONSTITUCIONALES:
Pueden tener o no consagración explícita.
“Los valores representan el catálogo axiológico a partir del cual se deriva el sentido y la finalidad de las demás normas del ordenamiento jurídico”. R. Dworki. Questioni di principio: Il Saggiatore. Milano 1985. P. 5 y 55).
“De este tipo son los valores de convivencia, trabajo, justicia, igualdad, conocimiento, libertad y paz, plasmados en el Preámbulo de la Constitución. También son valores los consagrados en el inciso primero del Artículo 2.° de la Constitución en referencia a los fines del Estado: el servicio a la comunidad, la prosperidad general, la efectividad de los principios, derechos y deberes, la participación, etc. Todos ellos establecen fines a los cuales se quiere llegar...”. Corte Constitucional. Sala Primera Revisión. Sentencia de junio 5 de 1992 T-406.
Las palabras cooperar, cooperativismo, apoyo, solidaridad, equidad, justicia social y ayuda mutua han tenido una connotación humanista y social en la historia; sobre todo, nuestras comunidades indígenas han sido maestras de la solidaridad, lo social y la sustentabilidad y la sostenibilidad ambiental, dejando la herencia de la Minga como ejemplo de trabajo colectivo o comunitario, al igual que la propiedad colectiva, comunitaria y social.
Hay cooperación cuando trabajamos en una empresa produciendo bienes y servicios; cuando nos agrupamos en una organización social de economía solidaria.
La cooperación es un fenómeno natural que está presente en las actividades humanas; máxime cuando el hombre es sociable por naturaleza.
La cooperación tiene razón de ser cuando el grupo o comunidad política de vida se propone alcanzar el objetivo que se ha propuesto en común.
La cooperación es una acción voluntaria, consciente y organizada, que existe desde que surge la humanidad.
Cuando la cooperación adquiere estructuras o formas económicas y sociales definidas y precisas, estamos ante una empresa de economía solidaria y social, que es un contenido filosófico de principios, valores y doctrina, en torno al cual se unen los hombres y mujeres movidos por la cooperación, cuyo propósito es alcanzar objetivos económicos, sociales, culturales y políticos, para elevar y mejorar la calidad de vida individual y comunitaria.

La larga tradición de la solidaridad aún no se ha perdido en las comunidades pobres, para defenderse de los traficantes de la miseria a nivel urbano y rural; donde utilizan la minga o la mano vuelta, para hacer trabajos comunitarios, obras de beneficio común y obras de beneficio individual y familiar.
En un ambiente de organización solidaria se avanza más rápido que donde no existe, porque la solidaridad que se desarrolla en las comunidades les permite solucionar con mayor facilidad las necesidades básicas comunes o insatisfechas, o en términos de Ernest Poison, cuando dice:
“En una sociedad cooperativa, cada afiliado se siente solidario con su vecino. “El bien del uno es el bien de todos”.
En la economía solidaria prima el hombre sobre el dinero, que busca solucionar sus problemas, mejorar la calidad de vida y con ello alcanzar el pleno desarrollo de sus individuos asociados.
Los economistas al servicio del capital saben perfectamente que el libre mercado no existe, sino como condición de una mayor ganancia para los productores monopolísticos. En la economía solidaria, las cosas deben servir al hombre y no el hombre a las cosas; igual sucede con la ciencia y el conocimiento, que deben estar al servicio del hombre como patrimonio de la humanidad y no viceversa, el hombre al servicio de la ciencia y del conocimiento, como lo ha venido utilizando el capitalismo para la defensa de sus propios intereses.
Pero hubo quienes descubrieron en la sociedad del consumo y del derroche la capacidad de ahorro de los pobres, orientando la prioridad de cubrir necesidades básicas vitales; donde solidariamente se pueden lograr avances creativos como en el campo de la vivienda prefabricada; pero detrás de esta clasificación está el penoso proceso que sufren nuestras familias pobres para adecuarse a una vivienda digna, cada vez más digna; porque paulatinamente las familias, según sus recursos, van mejorando sus viviendas de un tipo a otro en lapsos de tiempo variable, que duran años y en ocasiones hasta décadas.
Si hay algo que no ha podido resistir la riqueza, es el ahorro de los pobres, pero gente sin conciencia social, representantes auténticos de la mayor corrupción, detectaron en la esperanza y el ahorro del pobre una posibilidad económica de evidente enriquecimiento, para obtener pingües ganancias; olvidando que el objetivo final de todo programa de desarrollo económico con crecimiento social es el de proporcionar el desarrollo humano y solo bajo esta visión es posible construir un país y una sociedad más democrática, más equitativa, más justa y más digna; dando con ello auténtica cabida a la construcción de la comunidad política vitalista, con autogobierno de cada uno, con democracia radical y con poder comunitario como expresión de la soberanía, en términos del filósofo y maestro emérito Darío Botero Uribe de la Universidad Nacional.
El sector de la economía solidaria crea tejido social en la comunidad, facilita la cohesión social a través de la participación comunitaria, lo que permite construir identidad cultural y nacional desde la sociedad civil.
La economía solidaria y social debe estar fundamentada en la revalorización de lo ético, además de los principios y valores, con criterios técnicos de competitividad, de reconversión tecnológica, usando tecnologías apropiadas para producir bienes y servicios de calidad, haciendo uso de las ciencias del conocimiento de la humanidad.

En el neoliberalismo no operan estos principios, porque el neoliberalismo es la antítesis de los derechos humanos y el desarrollo social humano. Las propuestas de desarrollo postuladas por el neoliberalismo no son viables; pues es fácilmente demostrable cuando partimos de entender la diferencia entre la ética que reposa en las leyes y la ética con que se practican las mismas; en un país que goza de superávit jurídico y sufre un déficit fiscal; donde ha hecho carrera en el argot jurídico el nefasto dicho de que hecha la ley, hecha la trampa; esto para decir, sin lugar a equivocarnos, que en Colombia vivimos el imperio de la moral calvinista, de que "Lo que no está expresamente prohibido por la ley, es perfectamente lícito".
El modelo neoliberal no ha demostrado sostenibilidad y sustentabilidad ambiental, humana, cultural, social y menos aún en lo político.
Aclaramos que los vitalistas no nos oponemos ciegamente al progreso, pero sí nos oponemos al progreso ciego, que arrasa con la naturaleza y el medio ambiente, que atenta contra la vida y el hombre; porque un desarrollo sustentable y sostenible es aquel que puede atender simultáneamente a las presentes y futuras necesidades, lo cual implica una solidaridad intergeneracional y un cambio de relación entre nosotros y los demás seres; para decir con León Tolstói que: "Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa cambiarse a sí mismo".
El pensador Joaquín García Roca, en su magnífico cuaderno titulado El Dios de la FRATERNIDAD, nos muestra cómo: “... Desde la cabecera del sistema del que somos tributarios, se nos educó para las emociones del egoísmo, de la confrontación, de la emulación y de la preponderancia: otros tantos mitos que gobiernan la mentalidad actual y debilitan profundamente la experiencia de fraternidad. La ofensiva neoconservadora pretende que nos olvidemos del futuro, porque el neoconservadurismo es incapaz de pensarlo y de quererlo como un futuro para todos y no quiere asumir ningún compromiso para intentar lo que sea; son ídolos, pues, a los que hay que dar muerte”.
Mientras que la economista brasileña María de Conceicao Tabares en su obra: “Capitalismo y Desarrollo” dice que: “El modelo neoliberal destruye las democracias hasta convertirlas en neodictaduras”.
El neoliberalismo puede ser definido como la creencia en que la intervención gubernamental usualmente no funciona y que el mercado lo hace todo. El mercado, el intercambio voluntario de bienes y servicios, satisfará los requerimientos de los individuos con mucha mayor eficiencia que el gobierno dentro de las restricciones de recursos limitados.

Esto nos hace hablar del liberalismo clásico, que nació de dos vertientes doctrinarias: la del derecho natural y la utilitarista, con su más destacado exponente, Adam Smith, con su gran obra “La Riqueza De Las Naciones” que entre otras dijo sobre el monopolio del mercado que: “No es muy difícil averiguar quiénes han sido los inventores de todo este sistema mercantil: no fueron los consumidores, sino los productores... y entre estos nuestros comerciantes y manufactureros han sido los principales artífices de este invento”, y en la frase más citada del autor, este escribe: “... En este, como en otros muchos casos, “El Individuo” es conducido por una MANO INVISIBLE” a promover un fin que no entraba en sus intenciones”..., pues al perseguir su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si con esto entrara en sus designios”.
La mejor invención del neoliberalismo como máxima expresión del capitalismo financiero son las privatizaciones, que han sido utilizadas en muchos países para negocios oscuros en las altas esferas; el crecimiento no está garantizado y en muchos casos tampoco la estabilidad, y en no pocos países los efectos sociales en términos de aumento de la pobreza han sido significativos. Ante la crisis del modelo, hoy se están buscando en la mayoría de los países una especie de punto medio entre el mercado y la intervención del Estado.
Esto nos obliga a plantear el tema de la globalización y, según Ulrich Beck, en su estudio ¿Qué es la globalización? Falacia del globalismo, respuesta a la globalización, Barcelona, Paidós, 1998, pág. 40. “Globalización es a buen seguro la palabra (a la vez eslogan y consigna), peor empleada, menos comprometida, la más nebulosa y políticamente la más eficaz de los últimos y sin duda también de los próximos años”.
La globalización significa: “Los procesos en virtud de los cuales los estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades del poder, orientaciones, identidades y entramados vacíos”.
Pero dichos procesos cobran sentido en un marco que los antecede, que sería la llamada globalidad, cuyo eje de articulación lo constituiría la denominada “SOCIEDAD MUNDIAL”, que significa la totalidad de las relaciones sociales que no están determinadas (ni son determinables) a través de esta”.
Finalmente, la globalización apuntaría a aquella concepción que tan solo aprecia los factores económicos de los procesos globalizados, “según el cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político; es decir, la ideología de dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo “económico”.
La mano invisible del mercado de Adam Smith es el padre de la hoy “sociedad mundial” de la globalidad. Por eso, ante la globalización de la economía, se debe globalizar la solidaridad como valor y principio de la economía solidaria y social.
Mucha razón tenía Francesco Carnelutti cuando dijo: “Si quisiéramos en una breve fórmula las razones por las cuales los hombres no consiguen vivir en paz, en un terreno de la economía, podríamos decir que la economía es el reinado del yo, es decir, del egoísmo; el de la economía es el terreno en el cual se encuentran los diversos egoísmos de los hombres”.
De ahí que a partir de los años 70 comiencen a reevaluarse todas las ciencias, con la excepción de la Economía, pues debe seguir favoreciendo a los que controlan el mundo, que son los mismos que lo destruyen; para decir con Clemenceau que: “La política es muy importante, para dejársela solo a los economistas”.
“¿Es real la realidad?
Paul Walszlawick, La realidad inventada, Gedisa, Barcelona 1988.
“El poder, que es una mutación sin precedentes, se ha desvinculado del territorio e intenta por todos los medios librarse de toda responsabilidad.
He aquí en qué consiste la globalización actual. Los economistas al uso, expertos en la tergiversación, llaman a esto “externalizar costes”, eufemismo que significa, simple y llanamente, eludir toda responsabilidad por las consecuencias. Aquí es donde reside la clave de las ingentes ganancias del capital, del enriquecimiento inaudito de una ínfima minoría y de la, así llamada, crisis del estado de bienestar. Como es bien sabido, las empresas transnacionales y las élites accionistas y ejecutivas, auténtica oligarquía global, se niegan a pagar impuestos a la vez que exigen no solo inversiones en infraestructuras, sino subvenciones de todo tipo a un Estado exhausto, cuyas arcas se quedan cada vez más vacías al dejar de ingresar enormes sumas y al tener que afrontar los gastos, constantemente en aumento, de la destrucción causada por el capitalismo móvil”. Carlos Frade, Universitat Oberta de Catalunya, documentos doctorado, Barcelona, 1999.
¿Cuánta pobreza tolera la democracia?

Reflexiones sobre un mundo donde cada día más gente pasa a ser pobre. “Me gustaría que entendieras cómo es mi vida ahora: me muevo, respiro el aire que se me concede y como lo menos posible. Es posible acostumbrarme tanto a no comer, que uno puede llegar a prescindir totalmente de la comida. La situación es mucho peor para aquellos que luchan contra el hambre, ya que pensar demasiado en comer solo puede ocasionar problemas. Son los que están obsesionados, los que se niegan a aceptar los hechos. Vagan por las calles al acecho a todas horas, hurgando entre la basura por un bocado, corriendo enormes riesgos por la migaja más insignificante. (...) El hambre es una maldición que acecha cada día y el estómago es un abismo sin fondo, un agujero tan grande como el mundo. (...) He aquí el dilema: por un lado, queremos sobrevivir, adaptarnos, aceptar las cosas tal cual están; pero, por otro lado, llegar a esto implica destruir todas aquellas cosas que alguna vez nos hicieron sentir humanos” (Paul Auster, El País de las últimas cosas).
Se hace necesario traer a colación el concepto de desarrollo, no obstante su alto contenido semántico.
En la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su Resolución N.º 411128, de diciembre 4 de 1986, cuando en su Artículo PRIMERO nos dice: “El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político, en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar de él.
El derecho humano al desarrollo implica también la plena realización del derecho de los pueblos a la libre determinación, que incluye, con sujeción a las disposiciones pertinentes de ambos pactos internacionales de derechos humanos, en ejercicio de su derecho inalienable a la plena soberanía sobre todas sus riquezas y recursos naturales”.
En el artículo SEGUNDO de la misma declaración, dice: “La persona humana es el sujeto central del desarrollo y debe ser el participante activo y el beneficiario del derecho al desarrollo”.
En términos de Aristóteles, dice: “Desarrollo es la tendencia natural de los seres a actualizar su esencia; desarrollar es actualizar las potencias propias”.
El DR. Francisco de Paula Jaramillo, como investigador de la economía solidaria, nos dice: “La cooperación, ahora, es sencillamente un acto de sensatez. No es un capricho. No es una teoría bonita. No es una estrategia más o menos lúcida para engañar a los pueblos. No, es una alternativa que le queda a un mundo convulsionado y desorientado que aspira a sobrevivir”.
En el encuentro de 2001 de Quebec – Canadá y Ecuador en la declaración de Lima se dijo: “La economía solidaria incorpora la cooperación, el compartir y la acción colectiva, colocando al ser humano como centro del desarrollo económico y social. La solidaridad en la economía implica tanto un proyecto económico como político y social, que conlleva una nueva forma de hacer política y de construir las múltiples relaciones humanas con base en los consensos y acciones ciudadanas”.
A la economía solidaria y social no se le puede seguir considerando como un apéndice más del capitalismo; la economía solidaria y social es independiente y autónoma, que tiene sus propios principios y valores que le dan identidad como una rama de las ciencias humanas y sociales al servicio del hombre.
La economía solidaria y social tiene sus propios métodos y procedimientos y leyes que nacen del consenso propio de las comunidades políticas de vida y no las leyes de la oferta y la demanda de la economía capitalista.
A la economía solidaria y social no se le puede seguir considerando como una simple alternativa, que apenas sirva para corregir o suavizar una crisis causada por los desequilibrios del capitalismo; se le debe considerar como entidad con vida y radio de acción propia, que solo redunda al servicio y solución de todos los problemas, que garantizan el desarrollo y crecimiento social de las comunidades de vida.
Se hace necesario hablar y rescatar un derecho solidario, que regule el sector de la economía solidaria y social, para que garantice el derecho a solidarizarse en la gestión del bien común, con un compromiso socialmente competente y responsable de todos los individuos de las comunidades de vida.

Un derecho solidario autónomo e independiente de cualquier otra rama, línea o disciplina del derecho, tanto público como privado.
Un derecho solidario que defina los derechos y deberes de los individuos que conforman el sector de la economía solidaria y social.
Un derecho solidario que promueva el desarrollo y crecimiento social de todo el sector de la economía solidaria y social.
Un derecho solidario que garantice la autonomía, la autodeterminación, la autogestión, el autogobierno, el autocontrol y la autodisciplina para que se convierta en motor de desarrollo del sector solidario; donde la educación y la autoeducación sean el soporte de la cultura de la solidaridad.
Un derecho solidario que, en la perspectiva de un derecho moderno, desarrolle la solidaridad como una actitud social de vida.
Un derecho solidario que genere la imagen del hombre libre y emancipado.
Perteneciente a una comunidad viva e integrada conforme a un orden socialmente
Orientado, en la que se tienda a nivelar a los individuos en un plano que permita
En las mejores condiciones posibles, el mayor desarrollo de todos. En el libro “El derecho como obstáculo al cambio social” de Eduardo Novoa Monreal, cita a
León Duguit, como el gran teórico del papel central que le corresponde a la
La solidaridad en la vida colectiva y en el derecho nos la muestra como un hecho.
social evidente e insoslayable, derivado de la necesidad de unión que tienen los
hombres entre sí”(L. Duguit, Manual de Droit Constitutionnel, pp. 8 y 9 y las
transformaciones generales..., pp. 41, 42 y 43).
Al tratar los principios, valores y doctrina cooperativa, encontramos que los
Pioneros de Rochdale, en sus estatutos de la primera cooperativa de consumo que le ha dado la vuelta al mundo desde 1844, reformados en 1845 y 1854, se pueden extractar unos principios y valores, que se sintetizan así:
Servicios a sus miembros y asociados
Gobierno democrático. Dirigentes o dignatarios elegidos por los asociados, voto indelegable, solo uno por cada asociado.
El capital recibirá un interés limitado, antes de constituir los excedentes.
Los excedentes se pagarán o se darán a cada asociado, en proporción al uso que haga de la cooperativa o de las transacciones que ejecute.
De los excedentes se constituirá un fondo de educación de los asociados, considerado la regla de oro del sector de la economía solidaria.
Transparencia administrativa. Peso y medida exacta, en materia de bienes.
Ingreso y desafiliación voluntarios.

En 1937 se hizo en París una revisión o actualización que concluyó en el enunciado de siete (7) principios.
En 1966 en Viena, se hizo una revisión con base en un documento elaborado por una comisión internacional compuesta por cinco (5) miembros de los movimientos cooperativos de Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, un asiático y un ruso.
La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) dice: "Los principios cooperativos son pautas mediante las cuales las cooperativas ponen en práctica sus valores".
En materia de valores cooperativos, hoy de las empresas de economía solidaria y social, es necesario tener en cuenta que son la base de los principios.
Aunque la A.C.I. no define el concepto de valores, la Psicología Social los define como: "objetos, ideas o creencias que son apreciados". (Curtis, pág. 166).
La Alianza Cooperativa Internacional (A.C.I.) dice en materia de valores que las cooperativas están basadas en los valores de la autoayuda, la responsabilidad por sí mismo, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad.
Siguiendo la tradición de sus fundadores, los socios cooperativos hacen suyos los valores éticos de la honestidad, la transparencia, la responsabilidad y el cuidado de los demás".
Valores humanistas de autoayuda y responsabilidad por sí mismo.
Democracia
Igualdad
Equidad.
Solidaridad.
Valores éticos de honestidad y transparencia.









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