• Jorge Acosta

Juicio contra Aida Merlano




Por: Redacción política - Actualidad Global Internacional


Por: redacción Política - Actualidad Global InternacionalHasta 300 personas podían ir, en un lapso de dos horas aproximadamente, a la sede de campaña de Aida Merlano en Barranquilla a recibir sus pagos por vender su voto, según declaraciones de un testigo en el juicio que sigue la Corte Suprema de Justicia en contra de la condenada excongresista por el delito de violación a los topes de campaña.El testigo, Francisco Rafael Palencia, fue líder de campaña para las elecciones de 2018 y le entregó al alto tribunal nuevos detalles de cómo funcionó el esquema de compra de votos que usó Merlano, quien está en Venezuela, prófuga de la justicia colombiana.Palencia comentó que trabajó en dos campañas de Merlano, en la primera se retiró antes de las elecciones, pero sí estuvo en todo el proceso en la segunda, que fue la de 2018 en la que Merlano obtuvo un puesto en el Senado.


Sobre cómo llegó a trabajar para la campaña, comentó que una excompañera suya del bachillerato lo recomendó, ya que no podía entrar cualquier persona. "Obviamente se compraban votos, se manajeba plata, no podía llegar cualquier persona, a mí me recomendó una compañera del bachillerato. Nosotros llenábamos un formato de líderes, colocábamos los datos y quién lo recomendaba a uno", indicó.Asimismo, explicó que los votos que se conseguían debían "aglutinarse" máximo en tres puestos de votación, "a uno le van haciendo trazabilidad de los votos máximo en tres puestos. Si queda un voto por fuera (de esos puestos de votación) ese no cuenta porque les queda difícil la trazabilidad", contó.


Explicó que a él, como líder de campaña, le daban una bonificación por cada voto validado que iba a poner, y que en ese momento eran como 5.000 pesos por cada voto que conseguía. Esto hacía que al mes, según declaró, su "mensualidad" fuera de entre 300 y 400.000 pesos, de acuerdo a los votos que conseguía."A la persona se le paga su mensualidad por el trabajo que hace y cuando la campaña termina, no nos conocemos, y en la próxima volvemos a hacer el trabajo", expresó sobre la confidencialidad que aplicaban una vez se acababa la campaña.


Si bien el testigo no pudo asegurar cuánto dinero movió la campaña, sí dijo que era un gran flujo de plata, por cómo se pagaba a las personas."En una sola jornada, de 8 a 10 de la mañana, por decir, eran 300 personas" las que, según él, iban a cobrar el dinero prometido. Añadió que a cada votante se le daba un anticipo antes de la elección, cuando se comprometía a vender su voto, y después de los comicios se le entregaban 35.000 pesos más.

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