• Jorge Acosta

Hacia nosotros

Navidad y festejos de año nuevo. Pueden llegar a ser un enorme desafío familiar y personal.









Por: Albana Cristina Ceberio

Periodista Argentina

Catedrática de oratoria

Coach en Comunicación

albanacristinaceberio@gmail.com

facebook.com/albanacristina.ceberio



Pasamos todo el año concentrados en nuestras vidas, en lograr los objetivos y metas que nos hemos propuesto. Eventualmente, en lograr superar creencias limitantes y sentimientos que no nos dejan avanzar. Trabajo exterior, trabajo interior y en medio, nuestro deseo de superación y el trabajo continuo. Pero llega diciembre y nos desafía cambiándolo todo por un mes.

CÓMO ATRAVESAR DICIEMBRE Y NO MORIR EN EL INTENTO?!?!?

Planeación de vacaciones, reencuentro con familiares y relaciones complejas que no nos molestaron durante el año, porque simplemente no forman parte de nuestro día a día. El trabajo y las ocupaciones tapan muchas cosas, pero las fiestas de fin de año suelen ser un desafío para recordarnos que formamos parte de una familia donde puede haber relaciones difíciles de gestionar, compromisos sociales o incluso la soledad. Cualquiera sea el caso, nos desafía, nos incomoda y nos obliga a salir de nuestra zona de confort para enfrentarnos a lo que podría ser un mes muy complejo para resolver.

Lo ideal es “SOLTAR”, quitarnos cargas innecesarias para poder ir donde sea y disfrutar. Es muy conocido el concepto de que todo lo que se guarda, se pudre y se convierte en un yunque psicológico o emocional que no nos deja avanzar con la naturalidad que desearíamos, pero cómo soltar lo que ha estado enquistado dentro nuestro y hasta vemos como un acto de justicia sostener y no olvidar?



En este caso es necesario valorar la luz. Sólo concentremos nuestra atención en una fuente de luz, su brillo, la armonía, calidez, belleza y fuerza que transmite. Eso somos, energía brillando y vibrando muy alto. Ahora imagina tirar cubetas con lodo sobre esa fuente de luz, imagina lo que ocurriría … vamos, sólo te tomará un momento. En esencia, la luz continúa allí. Tal como el padre de la física moderna lo afirmó, “La energía no se pierde, se transforma” (Albert Einstein). Pero su brillo, su propósito de vida, todo quedó sumergido tras una capa espesa de lodo. Puede continuar así o puede reconocer en sí misma, la maravilla de su ser, de su existencia, de su propósito y quitarse todo lo que no le corresponde. Aquello que ha adquirido durante la vida y sólo la enturbia, la ensucia, le pesa. Del mismo modo, todos los sentimientos y constructos mentales limitantes, no nos pertenecen. Son esa voz interior que nos llega a boicotear y anula lo que somos, ese brillo que por naturaleza tenemos. Nos apagamos y olvidamos nuestra naturaleza, aceptando como propios, pensamientos y sentimientos negativos que nada tienen que ver con la realidad.

ES MUY METAFÓRICO, LO SÉ, PERO NOS SERVIRÁ. LO IMPORTANTE ES INTEGRAR LA IDEA QUE NOS TRANSMITE.

Las fiestas de diciembre son abrumadoras para mucha gente que sufre la soledad, estando realmente solos o incluso acompañados por muchas personas en un entorno familiar. Comienzan las discusiones de con qué parte de la familia pasar cada celebración. Quiénes asistirán, ya que sabemos que inevitablemente saldrán a flote recuerdos que potencialmente traerán discordia y problemas; para nuestro desliz metafórico, “lodo” que nunca fue eliminado. Pero también es una nueva oportunidad para detenernos un momento y liberarnos de todas estas cargas.

En esencia somos luz y reconocer esa maravilla en nosotros, nos hace poder mirar cada herida y sanarla para no cargarla por más tiempo. Las heridas provocan miedo, angustia, resentimiento, odio, desprecio, lodo, lodo y más lodo. Alguien dijo que esta actitud de acuñar todas las espinas en nuestro interior, era como beber veneno para que muera alguien más.

UN ABSURDO!

E l único dañado al permitir esta situación dentro de mí, soy yo mismo. Buda dijo: “Quita la espina, pero no la mires. Continúa hacia adelante.”

Así de claro y simple. Encuentra aquel sentimiento que te causa dolor, no importa analizar las circunstancias, eso es una pérdida de tiempo. Si queremos sanar, sólo se trata de quitar esa espina y continuar el camino. No podemos tropezar con una piedra y quedarnos a analizarla.

Sólo nos ponemos de pie y continuamos nuestro camino. Estamos donde está nuestra atención. Si nos concentramos y regocijamos en el dolor, en encontrar culpables y analizar la situación que lo ha causado, nunca avanzaremos. Debemos acostumbrarnos a la idea de que es seguro aprender, sanar y avanzar. Siempre avanzar, a nuestro propio ritmo, pero sin detenernos ni abandonarnos en el camino.

Lo que pasó, vino a enseñarnos algo. No podemos estar media vida parados en la victimización analizando la piedra. Si hay culpables, forzosamente hay víctimas. Son constructos mentales autodestructivos. Es urgente comprender que hay circunstancias en las que cada persona actúa de la mejor manera que puede, con los recursos, conocimientos y limitaciones que posee en ese momento. Antes de sumergirnos en una vorágine de culpas, rencor y carencia emocional, es imperativo colocarnos por sobre todo ese lodo, observar lo absurdo de regocijamos en ello y aprender. Somos más sabios ahora, tenemos la experiencia, hemos incorporado algo que nos hace más valiosos. Sanamos desde el amor propio. No desde la vanidad, desde el amor. Reconociendo que somos esa luz. Que el lugar que tenemos en el mundo fue creado justo para nosotros. Es esencial que lo ocupemos y brillemos lo más fuerte posible, regocijándonos en la luz que somos y respetando nuestra esencia.





Somos aprendices y maestros. NUNCA VICTIMAS Y VICTIMARIOS. Eso es cuestión de débiles que necesitan encontrar a alguien más para culpar de sus errores en lugar de comprender que el problema no es la caída, sino quedarse en el piso. Cuántas veces se cae un niño que está aprendiendo a caminar? Sin embargo, esa caída sólo provoca en el niño, más esfuerzo para levantarse y continuar. Un día, buscamos corriendo la cámara del celular para inmortalizar el momento en que nuestro pequeño logró su objetivo. Imagina si se quedara en el piso, culpando al borde de la alfombra que lo hizo caer, o estudiando el por qué de la alfombra y su caída. Suena absurdo, verdad? Y por qué nos aferramos a las excusas, explicaciones y parloteo mental que sólo nos entretiene mientras la vida pasa a un lado de nosotros?

En resumen, deberíamos comenzar a sanar, fortaleciendo quiénes somos, amando cada parte de lo que somos, perdonando errores, propios y ajenos y dejando ir los recuerdos de acontecimientos que ya cumplieron con su razón de ser. Nos enseñaron una lección entonces, es suficiente su tiempo en nuestra vida. El frasco de shampoo está vacío, no lo guardo, lo tiro porque ha cumplido su propósito. Se convirtió en basura. Simple.

En todo esto, hay dos ideas centrales. En primer término, prepararme para crecer y poder elevarme sobre cualquier dificultad o encono y disfrutar de estas festividades como me lo merezco sin importar qué pariente asista, quién esté presente o ausente, qué pasó el 11 de enero de 1983 con la tía Lola, o cualquier otro tipo de molestia que mi mente desee recrear para mí, en esta ocasión. En última instancia, puedo apuntarlo, disfrutar de la generosidad de compartir nuestra presencia y la de las personas a nuestro alrededor y luego, en la intimidad de mi habitación o del gabinete terapéutico, lo observo y lo sano. Lo quito de mi vida, no necesito conservar momentos que aportan oscuridad a mi vida. Aprendo la lección, sano el sentimiento que me causa dolor, ansiedad, miedo, etcétera y suelto. Ahora, puedo continuar más liviano y todo se verá más luminoso, más pacífico, más natural.




E n segundo término, si lo antes planteado no es posible, al menos seamos conscientes de que merecemos compartir las celebraciones con personas cuya presencia realmente valoremos y nos valoren. Créeme, es mejor ser selectivo en ésto hasta poder sanar, que pasar una noche que debería ser de alegría, unión y buenos deseos, como una noche de terror.

Muchas personas, podemos sentir depresión en esta época. Recuerda que eres luz, no importan las circunstancias que hayas atravesado. Si las has vivido, estás reconociendo tu superioridad por sobre ellas. Eres más fuerte, lo peor ya ha pasado, ahora solamente queda sanar, eliminar ese lodo inservible y continuar el camino más livianos, más brillantes y disfrutar de esta vida desde ese lugar que crearon para nosotros y nos pertenece. Citando a Einstein nuevamente, “Los ideales que iluminan mi camino y una y otra vez me han dado coraje para enfrentar la vida con alegría han sido: la amabilidad, la belleza y la verdad.” Y las tres están dentro nuestro y siempre debemos ser los primeros destinatarios de tan elevados atributos. Tenemos una razón superior a nuestra voluntad para estar en esta vida. Hagamos que valga la pena ... FELIZ NAVIDAD Y MUY FELIZ AÑO NUEVO.

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