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Guía práctica para MiPymes y pequeños negocios: cómo sobrevivir a meses malos sin endeudarse de más

  • Foto del escritor: Jorge Acosta
    Jorge Acosta
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Por: María Camila Zabala Merchán


En una micro, pequeña o mediana empresa un “mes malo” no siempre empieza con una caída dramática de ventas. A veces se nota en los retrasos de caja, pagos que se cruzan, cartera que no se recauda y la tentación de pedir un crédito para “salir del paso”. El problema aparece cuando esa deuda deja de ser una herramienta puntual y empieza a tapar fallas de fondo. Ahí, el negocio no está resolviendo una dificultad temporal: está postergando un problema estructural.


Ese punto es clave en Colombia, donde las pymes representan casi el 99,5 % del tejido empresarial y aportan cerca del 75 % del empleo, pero muchas no superan los primeros cinco años. “Cuando una empresa usa deuda para cubrir déficits recurrentes de operación, el endeudamiento deja de ser estratégico y se convierte en una señal de alerta”, explica Diana Bayona Carrillo, directora del programa de Administración de Empresas de Areandina, sede Valledupar.


¿Cuáles son las señales más claras? La primera, usar créditos para pagar nómina o gastos fijos de forma constante. La segunda, refinanciar deudas anteriores sin que mejoren ventas, márgenes o flujo de caja. La tercera, depender del crédito mes tras mes para sostener un flujo negativo. Y la cuarta, no corregir problemas de fondo como baja rentabilidad, mala gestión de costos o una caída sostenida en ventas. “En ese escenario, la deuda no resuelve un mes malo; oculta fallas estructurales y aumenta el riesgo de cierre”, advierte Bayona.


Si la Mipyme enfrenta un mes de ventas bajas y quiere evitar endeudarse, la prioridad no es buscar plata afuera de inmediato, sino proteger la caja. Eso implica pagar primero lo crítico para operar, renegociar plazos con proveedores, reducir gastos no esenciales y acelerar el cobro de cartera. La lógica es simple: optimizar la liquidez interna antes de asumir costos financieros. En especial porque, como recuerda la vocera, buena parte de las pymes se financia con recursos propios y no con crédito bancario.


Cómo proteger la caja hoy y construir estabilidad para el siguiente bache


La primera decisión útil es ordenar pagos por niveles. Nivel 1: obligaciones que mantienen viva la operación (nómina clave, arriendo, servicios, insumos esenciales). Nivel 2: pagos negociables (proveedores, cuotas, suscripciones, compras no urgentes). Nivel 3: gastos aplazables. Esta clasificación ayuda a evitar un error frecuente: pagar por inercia, sin distinguir qué sostiene el negocio y qué puede esperar.


La segunda acción es trabajar sobre cartera y capital de trabajo. Cobrar antes, hacer seguimiento a clientes, acordar pagos parciales y reducir tiempos de recaudo puede aliviar más que un préstamo de corto plazo. “La estabilidad no depende de vender más, sino de administrar mejor el efectivo y liberar liquidez del capital de trabajo”, señala Bayona.


La tercera es empezar un fondo de reserva operativo, incluso en pequeño. No se construye con excedentes extraordinarios, sino con disciplina. El camino práctico es calcular gastos fijos mensuales, fijar una meta entre uno y tres meses y separar de forma sistemática un porcentaje de ingresos o utilidades como si fuera un gasto obligatorio. Al mismo tiempo, conviene recortar costos no estratégicos y sostener ese ahorro mes a mes. El objetivo es crear un colchón que permita continuidad ante imprevistos sin frenar la operación diaria.


También existen decisiones comerciales que ayudan a estabilizar ingresos en temporadas bajas sin destruir margen. Entre ellas, anticipar ventas, diversificar clientes y canales, crear ingresos recurrentes y diseñar promociones que agreguen valor en lugar de bajar precios sin criterio. “La sostenibilidad no depende de vender más a cualquier costo, sino de estabilizar estratégicamente el flujo de ingresos”, afirma la docente de Areandina.


Si, aun así, endeudarse resulta inevitable, la Mipyme debe evaluar el crédito con frialdad. No basta mirar si lo aprueban. Hay que proyectar flujo de caja con ingresos reales, no optimistas, y confirmar que la cuota mensual se puede pagar sin desplazar gastos esenciales. Además, revisar la tasa efectiva, el costo total y el plazo. “El crédito deberá asumirse siempre y cuando fortalezca la operación y no comprometa la liquidez futura”, concluye Bayona. En otras palabras: endeudarse sí, pero con estrategia, no como reflejo.




 
 
 
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