Dos poemas para la vida.
- Carmen Yolanda Da Silva

- hace 19 horas
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Madre Tierra, Nuestro Origen y Vida

Nuestra madre selva es todo. Nosotros los amazónicos no hablamos de bosques, tampoco hablamos de ecosistemas, nosotros los amazónicos no conocemos la palabra bioma; porque nuestra Madre Tierra es todo para nosotros. Ella es el alimento, el abrigo y la protección. Nuestros ríos no son solo agua, son la fuente del origen y de la vida, la mayor creación de la anaconda: ríos, cachiveras, raudales y lagunas sagradas. Al paso de la serpiente, en nuestra curiara, llegamos a la tierra para sembrar la chagra, mientras que en cada roca nuestros ancestros escribieron nuestros caminos y nuestras historias. Allí dejaron la curación y la prevención antes de tumbar, quemar y sembrar la yuca, la piña y el ñame. Son los caminos que nos enseñaron a pescar, a cuidar la vida de los animales y las flores que viajan libres por las aguas.

Nosotros los amazónicos guardamos silencio. No hablamos cuando estamos tomando chive, menos cuando comemos quiñapira con un buen pedazo de casabe. La casabe es el trabajo de grandes mujeres en la chagra, la harina que se vuelve torta sobre el tiesto, mientras el fuego sagrado une a nuestras familias. La quiñapira es el alimento diario de nuestro vivir, y el ají es el sabor de la chagra. Porque para nosotros, comer es un rezo en silencio, una herencia sagrada que se guarda en nuestras memorias y costumbres.
Naturaleza y turismo, sinónimo de belleza.
Un poema para dedicar
Mujer bella de mi corazón,
tus manos me abrazan con pasión;
en tu mirada me pierdo,
y en tu corazón vivo
como abrigo de canción.
Eres mi vida, eres mi pasión,
te amo por siempre.
En este largo caminar voy junto a ti,
como tigre guardián
que cuida la majestuosa selva verde.
Dame tu amor, dame tu pasión,
que mi cuerpo arde de locura y frenesí.
Llévame en la curiara de nuestro amor,
llévame siempre en tu corazón;
eres mi amada y siempre
esposa de mi corazón.
Carmen Yolanda Mendoza Dasilva, poeta del Guainía, Amazonía, Colombia.
Desde Mitu, Vaupés, Colombia.
De la selva y los raudales.









La unión hace la fuerza