Buenos días a todo el mundo.
- Jorge Acosta

- hace 2 días
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Por Katrin Bennhold
Buenos días a todo el mundo. Todavía estoy procesando cómo cambió el mundo la semana pasada. Las salvajes amenazas del presidente Donald Trump contra Groenlandia —y, por extensión, contra los aliados estadounidenses de la OTAN— cristalizaron para muchos líderes lo que ya creían, pero quizá tenían demasiado miedo para decirlo en voz alta: el orden internacional basado en normas ya no existe.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, lo dijo en voz alta en Davos y se convirtió en una especie de héroe. Hoy escribo sobre lo que los esfuerzos de Canadá por alejarse de Estados Unidos —que cada vez es más volátil— pueden enseñar a otros países.
Lecciones de Canadá para un nuevo mundo

Sabíamos que a los líderes mundiales les había gustado el discurso de Mark Carney la semana pasada en Davos. De lo que nos hemos enterado en los días posteriores es lo mucho que les gustó a los votantes canadienses.
Carney articuló en términos crudos una cuestión que está en la mente de muchos: ¿cómo es que los países cuyas economías y seguridad han dependido durante décadas de Estados Unidos pueden enfrentar a un socio cada vez menos fiable y, a veces, hostil?
“El viejo orden no va a regresar”, dijo Carney. “La nostalgia no es una estrategia”.
En su lugar, los países deben reducir “la influencia que permite la coerción” diversificando sus socios comerciales, reduciendo sus dependencias estratégicas… y uniéndose.
No es un planteamiento que prometa ser fácil. Ningún país está más integrado con Estados Unidos que Canadá. Ambos países comparten una frontera terrestre de 8891 kilómetros, la más larga del mundo. Para dos de cada tres exportadores canadienses, Estados Unidos es el único mercado. Casi uno de cada 10 canadienses trabaja en industrias que dependen de clientes estadounidenses.
Pero también es el país más decidido a cambiar esta situación. Carney fue elegido en una oleada anti-Trump después de que el presidente estadounidense empezara a presionar para convertir a Canadá en el estado número 51. Justo antes de su discurso en Davos, Carney firmó una nueva asociación estratégica con China. En el discurso, anunció 12 nuevos acuerdos comerciales y de seguridad en los últimos seis meses. Canadá está negociando más pactos de libre comercio en Asia y América Latina.
Según las encuestas realizadas tras su discurso, el índice de aprobación de Carney subió ocho puntos, hasta el 60 por ciento, lo que indica que los canadienses lo apoyan firmemente.
El alejamiento público de Canadá de Estados Unidos implica, en cierto modo, un reto para otros aliados de Estados Unidos, quienes se han encontrado ante incómodas decisiones tras la ruptura. Porque si Canadá puede lograrlo, me dijeron los analistas, cualquiera puede.

Superar la geografía
Canadá ha estado en aprietos desde que Trump volvió a la Casa Blanca e impuso un arancel del 25 por ciento a la mayoría de los productos, que aumentó al 35 por ciento el verano pasado. Casi el 70 por ciento de las exportaciones canadienses van al sur de la frontera. En comparación, solo el 5 por ciento va a China, el segundo mayor socio comercial del país.
Hablé con mi colega Matina Stevis-Gridneff, jefa de nuestro buró en Canadá. Me dijo que en Canadá nadie se hacía ilusiones con la posibilidad de que Estados Unidos dejara de ser el primer socio comercial del país. “No se puede superar la geografía”, dijo Matina.
En su lugar, dijo, la idea de Carney es diversificar estratégicamente hacia múltiples socios nuevos, en sectores importantes para la economía. Aquí puedes leer el análisis de Matina [en inglés].
Andrew DiCapua, economista de la Cámara de Comercio Canadiense, me dijo que ya se ha producido cierta diversificación como consecuencia de los aranceles. Afirmó que el comercio con Estados Unidos se redujo alrededor de un 4 por ciento en los diez primeros meses de 2025, mientras que el comercio con otros mercados aumentó alrededor de un 13 por ciento en el mismo periodo. Por primera vez, Canadá exporta gas natural a Asia. Y el porcentaje de petróleo canadiense destinado a países distintos a Estados Unidos ha pasado del 2 por ciento al 10 por ciento, en gran parte gracias a China, dijo.
La nueva “asociación estratégica” entre Canadá y Pekín es un intento de diversificar aún más. La decisión de China y Canadá de reducir los aranceles llamó la atención, en parte, porque rompía con una antigua tradición: Canadá siguiendo el ejemplo de Estados Unidos respecto a China.
Hasta el momento, la cuantía real del cambio es modesta. Carney acordó reducir los aranceles para un pequeño número de vehículos eléctricos chinos. A cambio, Canadá recibirá reducciones en los aranceles sobre las semillas de colza, una industria agrícola importante en Canadá, pero que sigue siendo solo una industria. Pero ese acuerdo fue suficiente para que Trump amenazara con imponer más aranceles a Canadá.
Carney quiere duplicar el comercio con los mercados no estadounidenses para finales de la década, lo que reduciría el porcentaje de las exportaciones con destino a Estados Unidos a, tal vez, un 60 por ciento.
Hay algunas áreas en las que Canadá ejerce una influencia real. Tiene minerales de tierras raras que Estados Unidos codicia. Los automóviles producidos en Míchigan y Ohio dependen de piezas canadienses. Estas exportaciones son posibles gracias a infraestructuras físicas —tuberías, redes, líneas eléctricas— difíciles de sustituir rápidamente.
Pero centrarse en las áreas en las que Canadá ejerce influencia en las negociaciones bilaterales con Estados Unidos es, en parte, no entender lo que quiere decir Carney.

La unión de las potencias medias del mundo
Una idea central del discurso de Carney fue que las “potencias medias” deben aprender a unirse en respuesta a la volatilidad estadounidense.
Hablé con Edward Alden, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores. El argumento que esgrimía Carney, dijo Alden, es que “si nos quedamos solos para enfrentar a un Estados Unidos rebelde, ninguno de nosotros puede resistir”.
“Canadá no puede, México no puede, los europeos no pueden y los japoneses no pueden”, continuó Alden. “Pero trabajando juntos, podemos formar un frente unido más fuerte”.
Hubo un momento, cuando Trump anunció por primera vez los aranceles en todo el mundo, en el que las cosas podrían haber ido de otra manera, me dijo Alden. Si los países hubieran cooperado para oponerse, en lugar de hacer sus propios tratos, hoy estaríamos en una situación diferente.
En parte es la propia vulnerabilidad de Canadá ante los caprichos de un presidente estadounidense lo que hizo que este discurso aterrizara con tanta fuerza como una llamada a la acción, dijo.
Canadá nunca podrá alejarse por completo de Estados Unidos, lo cual, en parte, explica por qué la misión de Carney en Davos es tan importante. Lo que Carney intenta es inspirar a otros a crear un mundo en el que, cuando Estados Unidos muestre sus músculos, otros países cubran las espaldas de Canadá.









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